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Javier Rodríguez Marcos

Javier Rodríguez Marcos nació en Nuñomoral (Cáceres) en 1970. Autor de los libros de poesía Naufragios (Premio Extremadura de Creación “Carolina Coronado”), Mientras arden (Premio Jaén de Poesía) y Frágil (Premio Ojo Crítico de RNE), su obra ha sido incluida en antologías de poesía última española como Selección Nacional (Llibros del Pexe), Milenio (Sial. Celeste), La generación del 99 y la portuguesa Poesía Espanhola de agora (Relógio d’Agua). Ha escrito los libros de viaje Los trabajos del viajero. Por la ruta extremeña del “Persiles”- ampliado y reeditado por la Editora Regional con el título Los trabajos del viajero. Tres lecturas de Cervantes-  y Medio mundo, así como el relato Nosotros, los solitarios. Junto con Anatxu Zabalbeascoa ha escrito Vidas construidas y Minimalismos. Fue redactor y crítico del ABC Cultural y, actualmente, lo es de Babelia, suplemento de cultura de El País.

 


EL NÚMERO DOS

Dos solitarios juntos.
A veces siento que nos entendemos
(un sentimiento, nada
mental, pues, fuera de estas sucias palabras
que todo lo traicionan
y lo perdonan todo; un sentimiento, algo
incrustado en la boca
del estómago, azul, igual que un ácido
sin nombre, añil, perfecto,
leve como un enigma, gris,
un elemento químico
desconocido. Me refiero a sin sitio
concreto en el precario
orden de la tabla
periódica -valencia, peso atómico,
esas cosas que entraban
en los exámenes). Solos,
estamos solos. Juntos, lo he dicho,
y solos. Quizás no pueda ser
distinto. Así, quizá esté bien
así. Quizá los que han nacido
solos no puedan ya
dejar de estarlo
nunca, vivir de otra manera.
Quizá, tal vez, quizá
esto no dure mucho (apenas, tal vez, puede
que otro millón de años;
poca cosa si piensas
en el tiempo geológico). Concedido, de acuerdo.
Quizás no dure siempre. Siempre se pasa pronto
y todo es poco –menos
que poco, seamos, por una vez,
realistas- pero a ratos parece,
tal vez sólo parece,
que todo está en su sitio.

 


AGRICULTURA

Con los dedos o un trozo de carbón
a punto de apagarse.
O de encenderse. A veces
su perfil parece apuñalado
con un tizón que conservara dentro
el fuego oscuro del que él mismo procede.
Así, letal, como algo
que le quema
en las manos
lo usa el pintor, sabiendo
que ahora también le va la vida en ello,
afirmando en el trazo
que trabaja sobre las ilusiones,
que en la vida no existe
esa frontera (la única
que no existe. Justo
por eso es necesario
que la vista recorra esos perfiles.
Para que no se engañe).
Y pinta así, confiado,
igual que un campesino
que dice la verdad.

 


ZOOLOGÍA

La palabras son
animales salvajes.
Nacen y crecen
y se reproducen, mueren
de agotamiento. Siempre
lo tiñen todo
con sus colores pardos,
con su mascar nervioso
(no fieras libres, ratas
de matadero). Tienen
tórax y abdomen, dice
la gramática.
De sangre fría, son
blandas por fuera y
duras por dentro. Aunque
siempre al acecho, atacan
tan sólo si se las ataca.
Y al olor de la sangre.
Las palabras heridas
son las más peligrosas.
Las palabras heridas
son capaces de hacer
todavía mucho daño.

 


IN MEMORIAM

El miedo como un pez escurridizo,
lento como la cámara
lenta,
borroso bajo el agua, irreal, diluido.
Desde este lado de la orilla, el taxi
corre hacia el hospital.
El miedo de las oraciones
que recitas, inútiles,
tan necesarias ahora
que subes por la escala que teje el desamparo.
Segundo piso. Planta. Todo perdido. Oscuro.
El Muerto no está muerto
(mi hermano y su crudeza).
El Muerto (y esa risa
nerviosa) no está muerto,
pero ya se reparten
el sueldo las urracas.
Mi hermano otra mañana:
Esta vez es la buena, la mala, ahora ya está.
Otra vez el teléfono, frío como los peces
de montaña, nerviosos, duros, huecos, estériles.
Desde este lado de la vida, el metro
devora (línea 2) las estaciones:
Las Musas, Esperanza
(dos muchachas transbordan hacia Prosperidad).
Dentro de la oficina
el muerto enciende
las pantallas y piensa
en el Muerto, en un taxi
que no devora ya
las 10 de la mañana.
Lejos de todo, huyendo (la historia de tu vida
pasa en 15 segundos, como dicen que pasa
a los muertos. Agonizar también
es tu forma de vida).
El miedo, un nombre nuevo.
El  miedo, el sobrenombre
que el cobarde le da a su cobardía.
Introduzca la clave,
(enter the password).
Con una mezcla ácida de soledad, egoísmo,
rabia, pena, cansancio, lástima
de sí mismo,
el muerto escribe:
Amén.

 













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