
Alba Longa, de la que quedan más vestigios literarios que materiales. Alba Longa, la larga ciudad en el blanco apagado, la fundada por Ascanio, el refugio de la sangre de Troya, la que resuena en los versos de Virgilio. Y esta otra Alba Longa que construye Alfredo Rodríguez, arrancándosela a las sombras y haciendo de ella un símbolo. Esta otra que, para hacerse a sí misma, necesita del no ser de lo que fue, del ya no ser de la real, de la literaria, de la histórica Alba Longa, como se necesita un faro, una guía, un último refugio. (Del prólogo de Julio Martínez Mesanza)