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Raúl Rivero

Raúl Rivero es periodista de raza y poeta. Hace diez meses consiguió salir exiliado a España desde Cuba, después de un año de prisión en el que a punto estuvo de perder la vida. Aquí no ha parado de escribir, aprovechando al máximo cada día de libertad. En 2005 Martínez Galilea sacó a la luz sus poemas desde la cárcel y en abril Península publicará sus Vidas y oficios. Nos recibe en Madrid, en su casa. Hace frío fuera pero allí se está perfecto, entre tazas de café, vasos de naranjada, libros de amigos y cigarrillos. Pasamos la mañana charlando -uno escuchando- de Cuba y de poesía. Y parece mentira que quien ha sufrido tanto pueda ser tan comprensivo, tan agradable, tan humano.

 

No nos interesa aquí hablar de política. De todos modos, un escritor escribe de lo que siente, de lo que vive, y en ese sentido la experiencia en Cuba influye de un modo claro en tu poesía. Después de casi un año fuera de la isla, ¿cómo ha cambiado la poética de Raúl Rivero?

Lo más importante es que, como poeta, hace muchos años y aún estando dentro de Cuba en aquellas condiciones complejas me liberé. Empecé a escribir la poesía que yo quería, sabiendo desde luego que no iba a publicar en Cuba, donde no publico desde el año 85. Yo me sentía entonces, por tanto, en plena libertad como poeta: era un poeta libre en Cuba. En otros aspectos de mi vida, como ciudadano y como periodista, España me devolvió la libertad. Pero no así en el plano de la poesía -que como sabes es un hecho íntimo-, donde escribía lo que me daba la gana sin tener en cuenta si podía molestarle a nadie.
Por otro lado, este año ha sido en el plano humano muy importante. Nadie sabe el bien que tiene hasta que no lo tiene. Hasta que no estás en la libertad no te das cuenta de todo lo que habías perdido. Sé que aquí hay lógicas limitaciones que tienen que ver con la convivencia, con el respeto a las opiniones, pero este ámbito de libertad que he encontrado es para mí lo más importante que me ha pasado en la vida. También ha sido un año de un aprendizaje de muchas cosas de la convivencia en democracia, como oír opiniones tajantemente opuestas a la tuya con mesura y con prudencia. Al principio me alarmaba muchísimo todo esto, porque en Cuba sería fatal.

"Aquí he descubierto la manera despejada de pensar la poesía con pureza, de pensarla como yo cuando era un niño pensaba que debía ser".

Como poeta también ha sido muy importante poder leer todo. Es decir, ver la cantidad enorme de registros que hay, una cantidad que no se puede abarcar de voces de poetas jóvenes y de todas las edades. A pesar de que la poesía es un género bastante despreciado por las editoriales y que está en crisis desde Homero -por lo menos en el plano económico-, la poesía persiste, hay concursos, revistas como ésta misma que estais haciendo... Hay una pasión por la poesía, una pasión pura. Una pasión pura que consiste en que uno no está aspirando a nada que no sea más que escribir poesía. Esta pureza es para lo único que sirve la poesía y el único sentido que tiene. En Cuba a veces la gente utiliza la poesía para escalar posiciones sociales, para hacerse un resguardo, para muchas cosas que no tienen nada que ver con la verdadera poesía. Aquí he descubierto la manera despejada de pensar la poesía con pureza, de pensarla como yo cuando era un niño pensaba que debía ser hasta que el proceso político lo enmarañó todo. Incluso me fue envolviendo a mí mismo y de repente me encontraba tratando de complacer a las autoridades para publicar, porque la poesía necesita una industria. Eso lastró una zona de mi poesía bastante, una zona de la cual no puedo ni siquiera arrepentirme porque la escribí y la firmé.

En la literatura de este país el concepto de exilio ha marcado la generación del 27 y gran parte de la del cincuenta. ¿Qué produce el exilio en tu poesía?

Creo que los temas de mi poesía se han universalizado. Hay que tener en cuenta que llevaba como 25 años sin poder salir de Cuba. Estaba muy encerrado en esos ámbitos y en esos temas. Era muy recurrente, muy cotidiano y eso también te va apabullando. Hay una necesidad de viajar en todos los escritores, de conocer otras lugares.
Mi exilio tiene la marca amarga de no poder regresar -de momento, pero ha significado un abrir el horizonte de mi poesía. Aunque he de decir que realmente yo no he vivido un exilio como los de esta gente que me citas, que fue muy dramático, incluyendo las condiciones en las que llegaban en ocasiones a esos países. En cuanto a la imposibilidad de volver es igual, pero en el plano personal es diferente y lo tengo que decir: yo, aquí, he sido recibido con un cariño extraordinario, y con muchas facilidades para trabajar. Yo vengo a mi mismo idioma, a la actitud, al sentido del humor -para mí tan importante-, incluso al sentido de la vida, que mientras que allí en Cuba es demasiado dramático, teatral, aquí lo encuentro más pragmático y estoy más cercano de eso. Puedo padecer el dramatismo de Hispanoamérica pero con una visión más crítica, un poco más distante. Yo siempre digo que no he salido de un lugar ajeno, sino que me he mudado de casa. Que aunque técnicamente sea así, yo no me siento extranjero. No extraño nada de lo que encuentro aquí. Sabía lo que iba a encontrar sin haber vivido en España.
Sí tengo una especie de nostalgia, pero más bien del futuro, de la Cuba que yo quiero vivir. No de la que yo vivía, porque tener nostalgia de las cárceles es casi masoquismo. Claro, hay sitios, ámbitos y personas que extraño muchísimo... sobre todo en el pueblo mío y en La Habana donde viví tantos años. Pero sé - porque tengo ese sentido pragmático que te dije- que no puedo volver a eso y lo mantengo en una neblina, y lo que he hecho es disfrutar la estancia aquí: desde comprar un libro hasta salir simplemente a caminar por la calle sin preocuparme por nada.

Nada más salir de Cuba dijiste que no guardabas rencor ni odio a nadie, a pesar de haber estado tan cerca de la muerte en el presidio. Supongo que ha debido ser una experiencia extraña encontrarte aquí algunas opiniones que defienden firmemente el régimen castrista. ¿Puede ser la comprensión del otro uno de los temas principales de tu poesía actual?

Por esta situación creo que que se han abierto mucho las posibilidades de mi poesía, y ha supuesto también entender algunas ideas que allí dentro eran mucho más agresivas. Aquí hay españoles que defienden denodadamente el régimen y yo puedo entender eso, porque es una decisión personal a partir de los elementos que uno maneja. Pero, claro, yo puedo debatir eso contigo, incluso desde un plano cordial o por lo menos humano, comprensivo. Esto es lo que creo que me ha enriquecido el exilio a mí. Ahora puedo escribir más de la comprensión humana, del diálogo. Yo creo que hay que dialogar con la gente, sea quien fuere. Creo también en las leyes y si un hombre ha cometido un asesinato hay que juzgarlo, pero sin perder el diálogo -tratándose de posiciones de pensamiento, que es lo que nos diferencia de los animales.
Ahora bien, en este sentido hay que tener en cuenta algo que he visto aquí en España: que las generaciones jóvenes han nacido ya en libertad y no se dan cuenta de todo lo que se ha conseguido. Quizá tus abuelos no, pero tu has vivido aquí y te es más difícil vivir una cosa como la que estoy viviendo yo, comprenderla.

Las lecturas alimentan la escritura poética. ¿Cómo sobrevive un poeta bajo la censura castrista?

No hay una alternativa de lectura. La gente, primero, no tiene internet. Está prohibido, así que no puedes saber qué está haciendo alguien. Aquí es normal buscar un poeta, ver qué está escribiendo. Yo lo estoy haciendo ahora para preparar un artículo. Ayer noche estaba leyendo a Alfonsia Storni en la computadora. No tenía el libro (acabo de llegar y aún no tengo buena biblioteca) y en internet puedes encontrar textos del poeta que quieras. Allí no tienen acceso: hay una intranet para recibir correo como mucho y además está controlado. Los libros están controlados por el Ministerio de Cultura. Por ejemplo, no puedes leer a Brodski (tienes que conseguir que un tipo te preste un libro), no puedes leer a Milán Kundera, a Vargas Llosa... Tampoco las últimas cosas de Heberto Padilla, que allí no se publican aun siendo cubano. Lo mismo ocurre con Florit, u otros que han salido y que tienen una obra importante como Manolo Díaz Martínez, que vive en Canarias.
Pero no es sólo leer, sino ver las posibilidades sin ninguna frontera. Es decir, voy a leer lo que me dé la gana.

"Los poetas que viven en Cuba (...) tratan de conseguir un poco de relieve para sobrellevar la vida, y el Ministerio de Cultura lo aprovecha".

Los poetas que viven en Cuba ¿qué buscan entonces? Tratan de conseguir un poco de relieve para sobrellevar la vida, y el Ministerio de Cultura lo aprovecha. Te publica un cuadernito de quinientos ejemplares en una provicia. Y de repente, este poeta cree que está publicado, y a lo mejor  publica tres libros así pero son libros sin ninguna significación y sin ninguna fuerza. Con los concursos ocurre parecido, que se premia a los poetas afines. 
En Cuba hay muy buenos poetas ahora mismo, poetas jóvenes excelentes. Estoy pensando en Antonio José Fuentes, Luis Lorente, Damaris Calderón (que está viviendo en Chile pero va y viene), Carlos Augusto de la Torre... gente que tiene fuerza. Estos poetas lo que hacen para escribir es enmascarar. La poesía te permite eso: enmascarar y decir de otra forma lo que estás pensando, y esperar a que puedas publicar tu pensamiento nítido en otros libros. Y cuando los lees (no en todos los poemas, en muchos), te das cuenta de que detrás hay una trama.
Ahora mismo el Ministerio de Cultura está dejando hacer algunas cosas sabiendo que van a ser ediciones limitadas y que los autores no tienen acceso a los grandes medios, la televisión y la radio. En estos medios, además, hay listas de autores prohibidos, de gente de fuera y de dentro, que no se pueden nombrar si no quieres tener problemas. Ocurrió en mi pueblo, Camagüey, donde hay una emisora de gran tradición. Tenía un programa dirigido por un pobre muchacho que decidió en el día de los enamorados recitar un poema mío. Yo estaba en la calle, pero prohibido. Lo sacaron de la emisora y lo pusieron a trabajar en una bodega, a vender mercancía. Y eso que ni me conocía. Simplemente le había gustado el poema y lo puso.

"Todo esto le lleva a Heberto Padilla a decir que los poetas cubanos ya no sueñan. Yo prefiero creer que sí, que es más difícil pero que la gente sueña. Y luego, enmascara sus sueños".

Es decir, hay un control. Pero, mira,  lo peor de la censura no es la censura misma, sino la  autocensura. Tú, que escribiendo sabes que algo va a molestar y te coartas. Te lo digo como periodista y como poeta.
Todo esto le lleva a Heberto Padilla a decir que los poetas cubanos ya no sueñan. Yo prefiero creer que sí, que es más difícil pero que la gente sueña. Y luego, enmascara los sueños.

En la literatura española la experiencia ha demostrado que escribir para publicitar (la poesía de la guerra civil, por ejemplo) es generalmente un fraude y un fracaso. Tú has tenido que hablar de política y luchar desde los poemas. ¿Cómo has sorteado la veta panfletaria al escribir poesía?

Cuando hablo de esos temas lo hago porque ha sido mi experiencia vital. De hecho, de un momento a esta parte intento salir de estos temas de una manera desesperada. Fíjate que en mi último libro de poemas de la cárcel no hay ninguno político. Tampoco en el próximo, Vidas y oficios, que publicará en abril Península. Son las reflexiones que hice desde allí dentro. Lo he dicho siempre, no quiero convertirme en un preso profesional, no quiero morir ni vivir de la prisión. Por eso la mayoría de los poemas de estos libros son poemas de amor. Hablo de amores, de romances y también hablo del fracaso, edulcorado.
Ahora, ¿cómo encarar este asunto que yo sé que es complejo y que produce en ocasiones rechazo entre la crítica y también entre los lectores? La clave es pasarlo por tu corazón, dar una visión personalísima a cualquier tema de esos y buscar -eso intento también en el periódico- un enfoque absolutamente humano. Pasar todo eso por el temblor de la emoción. Pienso que la poesía es eso mismo, emoción. Si no, no es nada, no funciona. Es verdad que en el poemario que compuse en la cárcel hay un poema donde describo a los presos de la cárcel, pero desde dentro, desde mis sentimientos. Incluso en el libro de los relatos que estoy escribiendo ahora pretendo contar de esta forma. El factor humano es lo más importante.

"Pienso que la poesía es eso mismo, emoción. Si no, no es nada, no funciona".

Y luego, otra cosa que también es importante y que todos los críticos dicen: tomar distancia. En este sentido anda el título del libro que publiqué en Hiperión, Recuerdos olvidados. Es parte de una cita de Rilke. Lo leí en una revista literaria canaria, que después se me perdió. Era un artículo de un crítico que citaba esta idea de Rilke: que el poema se levanta de recuerdos que están olvidados y que de repente tú vuelves a recordar.  Para mí es muy importante la memoria para la poesía. Por eso también dejo que pase porque estoy demasiado cerca. Y luego aparece, ya sin la contaminación del tiempo ni de las circunstancias materiales en que se produjo.

¿Cuál es el papel del poeta en la actualidad?

"La función del poeta es cantar al amor, al dolor, a la muerte, a los misterios que uno no puede descifrar".

Yo creo que el poeta realmente -y esa es otra cosa que quizá aquí se me ha quedado más clara- lo que hace es cantarle al amor, a la vida y a la belleza. Todas estas otras cosas que hablan de un carácter utilitario no tienen ningún sentido. Para eso ya hay otros instrumentos: el mismo periodismo, el ensayo, las revistas de pensamiento... La gente asocia siempre la poesía con momentos de la vida de uno. La función del poeta es cantar al amor, al dolor, a la muerte, a los misterios que uno no puede descifrar. Yo sé que utilizar la poesía para otros fines ha funcionado en algunas épocas, pero quizá justo cuando el contacto con la vida del poema aun estando oculto era esencial. Siempre me acuerdo del poema de Elouard, Libertá, que funcionó muy bien con la resistencia antinazista. Pero realmente ése es un poema de amor a una mujer, Domenique, y por eso tuvo éxito. Eso es lo que vale la pena de verdad. Entiendo que algunos escritores lo hagan porque sientan que deben hacerlo, porque su vida ha sido siempre eso y no tienen más remedio. En ese caso me parecería legítimo, porque no se lo han propuesto - que me parece una estupidez- sino que les ha sido impuesto. Es gente que ha sufrido mucho y que necesita pasar parte de ese sufrimiento por la poesía.
 

¿Qué impresiones te ha dejado la Feria del Libro de la Habana? ¿Qué gente no estuvo y debería haber estado?

El problema de la Feria del Libro de la Habana es que la política cultural del gobierno cubano es desastrosa. Es una manipulación muy burda. Esta ocasión ha estado dedicada a Venezuela, y le han dado el premio José Martí a Hugo Chávez. Pero es que Chávez no solamente recibió el premio, sino que incluso leyó poemas de una persona que él acaba de designar “el poeta de la revolución”. Así que ya tenemos a Chávez como crítico literaro.
La gente rechaza el lugar donde se encuentra la feria. Es La fortaleza de la cabaña, donde al comienzo de la revolución fusilaron a miles de personas. (Entre otros revolucionarios, ahí tenía el Che su pelotón de fusilamiento). Me niego a ir a ese lugar, donde hay tanto fantasma de demócratas. En esa semana inventan un grupo de poetas y los exponen. Otros escritores cubanos, buenos poetas como Nanci Morejón, grandes críticos como Prats Sariol son gente que también va y se deja querer porque no puede hacer otra cosa. Van allí, dicen las boberías que saben que hay que decir, porque hay un guión escrito, y ya está.
Y la gente va porque venden refrescos, globos, helados... y porque no tienen nada mejor que hacer. Si tú eres una persona normal en Cuba, sin dinero, no tienes dónde ir en la Habana. Uno va donde sea.

"En esa semana inventan un grupo de poetas y los exponen. Otros escritores cubanos, buenos poetas como Nanci Morejón, grandes críticos como Prats son gente que también va y se dejar querer porque no pueden hacer otra cosa. Van allí, dicen las bobadas que saben que hay que decir, porque hay guión escrito, y ya está".

Este año el centro era Bonasso, un escritor argentino (del que no digo que el libro sea malo, a lo mejor es bueno). Fíjate en la composición del lanzamiento del libro de Bonasso: va Fidel Castro y el hijo del escritor, que es un rockero, da un recital. ¿Cómo es posible? Parece que la organización del evento hubiera corrido a cargo de André Breton y Stalin juntos, mezcla siniestra. La presentación es surrealista de arriba abajo: un concierto de rock a Castro, que ha dicho ya muchas veces que él odia la música, que lo que le gusta son las marchas militares (lo que demuestra que el tipo ni siquiera es cubano). Así se presenta un escritor que por otro lado no es nadie, ni en Cuba ni en Argentina.
Pero los que viene de fuera invitados -de España varios escritores- no se dan por enterados. Lo que más me molesta es lo que dicen cuando están allí. Parece que pierden la cabeza. Acabo de leer unas declaraciones de Joaquín Sabina en las que dice que él compraba un fusil para Sendero Luminoso. Lo que ocurre es que a ellos les está reservado un tratamiento de estado y se deslumbran. Porque, claro, para eso, para publicidad del régimen, sí que no hay ninguna limitación de dinero. A los que vienen no se les enseña los problemas gravísimos que hay en la educación, ni los problemas sanitarios, ni se les explica las causas y consecuencias del racismo, que es brutal en la isla. A esa gente se les recibe al llegar en un automóvil con aire acondicionado, música, y se les lleva a Varadero y se les pone un hotel. Es una maravilla. Les reciben como jefes de estado y les llevan donde les interesa. Soy un experto en eso, porque lo viví en Cuba y lo he vivido en Rusia, donde donde fui corresponsal. Es lo mismo, una copia del estalinismo.










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