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Oscar Hahn

La voz pública de lo más íntimo

 

Charlar con Óscar Hahn (Iquique, Chile, 1938) es un placer que nos entusiasma y nos inquieta, como lo hace su poesía, de tan larga trayectoria, aunque tan sorprendente siempre por sus intuiciones, su sabiduría y por la inesperada situación en la que cada vez se halla el yo-poético. El pasado mes de octubre apareció su poesía completa hasta la fecha, con el título de Archivo expiatorio (Madrid, Ed. Visor, 2009).

Con él hemos hablado de su poesía, de la poesía chilena y de la poesía en general.







Su obra poética es muy dilatada y variada en los motivos concretos de cada poema, pero siempre se centra en temas tan fundamentales como el amor, la muerte y la crisis moral de la sociedad. ¿Estas inquietudes responden a una posición intelectual muy definida o surgen de modo totalmente espontáneo?


No creo que surjan de una posición intelectual, sino más bien de aquello que Vallejo llamaba los "golpes de la vida". Desde luego siempre el intelecto juega algún rol, pero si esas inquietudes provinieran solamente de la razón, quizás se habrían manifestado bajo la forma de ensayos y no de poemas. Entonces, claro, hay también una cierta espontaneidad en todo esto, en el sentido de que no son el producto de una agenda consciente o de algún programa literario.

¿Cómo es posible representar en poesía problemas sociales de actualidad y, a la vez, tener una capacidad visionaria tan original y fantástica? ¿Se traza un equilibrio entre lo racional y lo irracional al escribir un poema?

Lo que ocurre es que, cuando hay una crítica a la realidad actual, se parte de la contingencia, pero el poema tiene que ser capaz de trascenderla y de abrirse hacia dimensiones universales. Entonces no es tanto el hecho específico lo que permanece, sino cierta posición ética, válida en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Esta es una de las varias líneas que hay dentro de mi poesía. Otra es la que tiene que ver con lo fantástico. Como mi poesía es pluralista, distintos temas y diversas formas de expresarlos pueden correr por líneas paralelas y hasta converger de vez en cuando.  Esto último es lo que ocurre en "Visión de Hiroshima". En ese poema están las imágenes visionarias a las que usted alude, pero también hay un llamado de alerta hacia el peligro de una guerra nuclear.

Pero lo curioso es que esto ocurre con frecuencia, es decir, que en un mismo libro suyo podemos encontrar poemas muy "realistas", muy ceñidos a lo que podemos experimentar cotidianamente, y poemas muy visionarios, llenos de una inquietante fantasía. ¿Han sido siempre escritos ambos por la misma época? ¿Cómo puede alternar ambos tipos de escritura?

Quizás eso tiene que ver con mi manera de ser en la vida diaria. Usted puede llegar a mi casa en un momento determinado y ver que estoy escuchando una sinfonía de Mozart. Puede regresar más tarde y verá que estoy oyendo "Smells Like Teen Spirit" de Nirvana. Mi poesía simplemente refleja lo que soy. Me gusta la llamada alta cultura y también la baja cultura. De modo que pasar de un extremo al otro, por ejemplo del campo realista al fantástico, para mí no constituye ningún problema. Los dos existen al mismo tiempo. No veo por qué tendría que actuar como si fueran hechos excluyentes.

Me gusta la llamada alta cultura y también la baja cultura. De modo que pasar de un extremo al otro, por ejemplo del campo realista al fantástico, para mí no constituye ningún problema. Los dos existen al mismo tiempo
Su devoción por Huidobro es bien conocida. ¿A qué otros poetas chilenos aprecia especialmente?

Lo de devoción es un poco excesivo. Yo no siento devoción por Huidobro en el sentido de una veneración absoluta e incondicional. Admiro mucho ciertos poemas suyos y otros no. La verdad es que, en general, no pienso en poetas, sino en obras específicas. Por ejemplo, me interesan Altazor o Ecuatorial, de Huidobro, pero hay una serie de poemas suyos que no me atraen para nada.  En cuanto a su teoría creacionista, la he estudiado como crítico, pero no puede ser más ajena a mi poética. Otras obras de chilenos que podría nombrar son Residencia en la tierra, de Neruda, Poemas y antipoemas, de Nicanor Parra, Contra la muerte, de Gonzalo Rojas, La pieza oscura, de Enrique Lihn, Muertes y maravillas de Jorge Teillier, Noticias del extranjero, de Pedro Lastra, y Purgatorio de Raúl Zurita.

Hay un rasgo poco huidobriano en su poesía: la revalorización de la tradición poética hasta llegar a recrear a su manera los versos de grandes poetas del pasado. ¿Esa devoción por autores tan variados como San Juan de la Cruz, Góngora, Quevedo, Rimbaud y Huidobro no corre el peligro de distorsionar la voz propia de un poeta? ¿No sería más coherente elegir y recrear a unos maestros de mayor afinidad entre sí?

Dentro de mi estética personal sería una incoherencia privilegiar sólo a poetas que corresponden al mismo canon. He dicho muchas veces que lo que a mí me atrae no son las semejanzas, sino las diferencias. Prefiero los contrastes, la variedad de estilos y visiones, y no la monótona uniformidad. Yo puedo valorar la tradición, la vanguardia y la postvanguardia sin ningún prejuicio. La diversidad es central en mi poética. Si yo hiciera lo que usted dice, sería traicionar mi manera de ver el mundo. Mi poesía es coherente, pero su coherencia se basa en otras premisas.

¿Y cuáles son esas premisas?

Una de ellas es que el universo posee una gran riqueza y una gran complejidad. Esa riqueza y esa complejidad no pueden ser captadas por una sola poética, única y excluyente. Yo necesito recurrir a distintas formas de poetizar, incorporando sobre todo a aquellas que entran en conflicto unas con otras, y aún así es insuficiente.

Su poesía manifiesta una lectura muy fecunda del creacionismo y del surrealismo. Sin embargo, es mucho más clara y cercana al lector no iniciado. ¿Tiene miedo a la oscuridad poética?

Antiguamente había Ministerios de Guerra. Ahora, hipócritamente, se cambiaron el nombre y se llaman Ministerios de Defensa. Eso demuestra que saben muy bien lo que están haciendo. El progreso tecnológico es irrelevante si no lleva aparejado un progreso ético
Frente a esta pregunta no me queda más remedio que citar una frase de Luis García Montero que dice: "Oscar Hahn es un poeta sin miedo". En la vida diaria tengo toda clase de miedos, demasiados, diría yo; pero no cuando estoy escribiendo. Ni miedo a la oscuridad ni a la claridad ni a al claroscuro. De hecho, si usted revisa mis poesías completas, que acaban de aparecer, verá que hay una serie de poemas que podríamos llamar herméticos, junto a otros que son muy accesibles y a otros que no son ni claros ni oscuros. Como dicen en inglés: "Anything goes".

¿De dónde nace ese pesimismo sobre el futuro del hombre en el mundo, como se revela en varios libros suyos, especialmente Arte de morir e Imágenes nucleares?

Nace de los porfiados hechos. Bastaría con reflexionar sobre el tema de la guerra.  La guerra es una aberración. La sociedad condena el incesto, la pedofilia o el canibalismo, pero acepta la guerra con una naturalidad absoluta. Como si resolver los conflictos políticos o religiosos aniquilando ciudades y matando a miles de seres humanos fuera algo aceptable e inevitable. Antiguamente había Ministerios de Guerra. Ahora, hipócritamente, se cambiaron el nombre y se llaman Ministerios de Defensa. Eso demuestra que saben muy bien lo que están haciendo. El progreso tecnológico es irrelevante si no lleva aparejado un progreso ético. 

Tampoco el amor, aunque apasionadamente presente en su poesía, parece ser una solución al problema de la felicidad. ¿Ese pesimismo amoroso ha nacido de la vida o de los libros?

Todos mis poemas de amor han surgido de experiencias personales. Ahora bien, es indudable que esas vivencias y los tópicos que las acompañan se expresan mediante formas que proceden de la tradición literaria, y esa tradición se transmite a través de los libros. Nadie escribe en el vacío. Además, hay toda una cultura amorosa, extraliteraria, que determina el comportamiento de los amantes y que se refleja en los poemas.  No creo, sin embargo, que el amor tenga mucho ver con la felicidad. Por ejemplo, alguien puede sentirse muy feliz porque se sacó la lotería. ¿Pero qué significa ser feliz en el amor?  Si uno usa esa palabra para hablar del amor, sin duda se trata de una felicidad de otra naturaleza. Yo creo que el amor es un sentimiento muy complejo y muy intenso y que, además, tiene rasgos completamente contradictorios. Lo dijo Lope de Vega de manera inmejorable: es "creer que un cielo en un infierno cabe".

En sus últimos libros se hace más constante la aparición de fantasmas, de personajes sin cuerpo que conviven con el yo-poético y representan el lado más oscuro de la vida y de la Historia. ¿Esa capacidad para incorporar a la realidad del poema personajes invisibles y aun fantásticos responde a una creencia religiosa o una concepción filosófica sustentada más allá de la poesía? ¿Qué hay de real, en su vida, de ese mundo invisible?

No creo que tenga que ver con religiones o filosofías institucionalizadas. Lo que sí puedo asegurarle es que para mí esas experiencias de lo invisible o de lo fantástico son reales. Yo pienso que el mundo está lleno de ausencias, y esas ausencias, aunque parezca una contradicción, son otra forma de presencia. Además, aquí es donde hace crisis el concepto de realismo. Porque si todo eso es real, quiere decir que los poemas que dan cuenta de ello son realistas, ¿no? Por ejemplo, eso que yo llamo "la primera oscuridad". Hay un aforismo que dice: "La vida es un resplandor entre dos oscuridades". Sobre la segunda oscuridad, que es la muerte, hay toneladas de textos escritos. En cambio, sobre "la primera oscuridad", que tiene que ver con el modo de existencia anterior al momento en que fuimos engendrados, se habla y se escribe muy poco. Es un tema que a mí me perturba. También he incorporado a mis poemas unos personajes que llamo "prefantasmas". Ellos son los habitantes de la primera oscuridad. Siento que a veces nos visitan y que deambulan por este mundo, aunque la gente cree que son los fantasmas tradicionales.
  
Cualquier persona que pasa más de 30 años fuera de su patria, de algún modo deja de pertenecer a ella. A la larga uno termina siendo un extraño en el lugar donde está exiliado, pero también es un extraño en su país de origen
¿Cómo ha influido en su obra la experiencia del exilio durante la dictadura chilena? ¿Cree que hubiera evolucionado de otra manera si no hubiera sufrido estos hechos tan dramáticos?

Yo he estado más de tres décadas viviendo fuera de Chile y eso marca a cualquiera. Al principio todo era como provisorio, a la espera de que cayera el dictador y llegara el momento de regresar. Pero, mientras tanto, había que sobrevivir, hablando otro idioma, en medio de otra cultura, y para mí, hasta con un paisaje y un clima que eran totalmente opuestos al de la región donde residía en Chile. Pasar del calor y del desierto al frío y la nieve no es un cambio insignificante. Todo esto afecta no sólo la vida de las personas, sino también lo que escriben. Pero también sucede que vivir tan lejos del país natal te da una distancia para ver tu idioma de otra manera. Todo esto hizo que captara mejor ciertas peculiaridades del castellano y del español de Chile que no notaba antes, y que las trasladara a mis poemas. ¿Habría evolucionado de otra manera sin el exilio? Absolutamente. Cualquier persona que pasa más de 30 años fuera de su patria, de algún modo deja de pertenecer a ella. A la larga uno termina siendo un extraño en el lugar donde está exiliado, pero también es un extraño en su país de origen.  El sentimiento de inquietante extrañeza que hay en un sector de mi poesía, ¿viene de ahí?  Es posible.

Su poesía ha sido conocida fuera de Chile con relativa rapidez. Me refiero, concretamente, al caso de España, que es el que mejor conozco. ¿A qué se debe este fenómeno: a su variedad, a su cercanía con los problemas actuales del lector, a su proximidad emocional con los sentimientos del hombre normal y corriente, a su doble faceta de poeta y de crítico...?

Yo he hecho lecturas de mis poemas en diferentes países. Siempre recuerdo lo que ocurrió en el Festival de Poesía de Rotterdam. Leímos 4 poetas, frente a un auditorio de unas 600 personas. Detrás nuestro iban mostrando la traducción al holandés en una pantalla gigante. Yo leí mis poemas sobre el bombardeo de Hiroshima, sobre Sigmund Freud y sobre Hitler. Al día siguiente fueron ampliamente comentados en los diarios holandeses. Lo que es comprensible, porque ellos podían identificarse fácilmente con esos temas. En otra ocasión leí en Medellín y tuve una recepción muy buena también. Pero escogí otros poemas, entre ellos uno sobre los detenidos-desaparecidos, que se llama "Hueso" y que ahora está en YouTube. Los colombianos también han vivido la misma experiencia y pudieron conectarse muy bien con ese poema. Supongo que la diversidad, la pluralidad, que, como expliqué, está en la base de mi estética, es lo que me permité acceder a audiencias muy diferentes. 

¿Hasta qué punto su labor crítica y ensayística ha enriquecido su poesía? ¿Cree que la docencia y la crítica literarias son siempre un factor positivo para la creación poética?

Esta es una pregunta que yo mismo me he hecho, sobre todo en este último año, porque he dejado de hacer clases y de realizar actividades académicas.  Y he llegado a la siguiente conclusión. Todos los escritores trabajan con sus vivencias personales y con las circunstancias individuales y sociales que los rodean. Pero también son "alimentados" por los libros, el arte, el cine, la música, la televisión, etc. Por lo tanto, no creo que mi labor de ensayista o de profesor de literatura haya enriquecido o empobrecido mi poesía ni más ni menos que los otros componentes que acabo de nombrar. Lo que importa es lo que uno hace o deja de hacer con ellos. 

¿Cómo explica el esplendor tan intenso que ha irradiado la poesía chilena durante todo el siglo XX? ¿Hay algunas figuras indispensables que sean escasamente conocidas fuera de su país?

Hace poco leí en una revista norteamericana lo mismo que usted plantea sobre el alto nivel de la poesía chilena. "¿Es el agua, el aire, el mar o la cordillera?", se preguntaba el articulista. Un crítico español del siglo XIX, Marcelino Menéndez Pelayo, sostenía que Chile no era un país de poetas, sino de historiadores, y que jamás produciría grandes poetas.  Bueno, don Marcelino se equivocó en su pronóstico, pero no en su valoración de la poesía chilena del 19, que era muy pobre. Aunque en esa época el aire, el agua, el mar y la cordillera eran los mismos que en el siglo XX, no pasó nada con la poesía. Entonces ¿qué? Es un asunto complejo. Mejor lo dejamos en el misterio. ¿Figuras que merecerían ser más conocidas? Yo nombraría a Enrique Lihn. Ahora, en general, el problema es el siguiente, y me imagino que en España sucede lo mismo: hay poetas que tienen muy buena llegada en la escena local, pero cuando deben enfrentarse a otro tipo de audiencia, por ejemplo a un público extranjero, son recibidos con indiferencia.  La poesía es bastante impredecible, ¿no?

¿Y esta falta de proyección fuera de la escena local implica una carencia de ese poeta con respecto a los que sí son "exportables"? Pienso en casos como los de Rosamel del Valle o Humberto Díaz Casanueva, quien sí pudo viajar y vivir en otros países.

Es difícil saberlo con certeza. Todo esto es muy relativo y muy cambiante, porque también está el problema de la desvalorización. En Chile hubo un tiempo en el que se consideraba que las dos grandes figuras de la poesía nacional eran Pablo Neruda y Humberto Díaz Casanueva. En la actualidad, yo me he topado con muchos poetas y lectores chilenos, que ni siquiera saben quién es Díaz Casanueva. Sin embargo, en Venezuela, Díaz Casanueva sigue siendo muy admirado. El caso de Rosamel es curioso. El siempre se comportó como si Díaz Casanueva, que era muy amigo suyo, fuera el gran poeta, y él una figura secundaria.  Pero ahora escucho a gente que sostiene que es exactamente al revés.
  
Con los adelantos de los medios de comunicación, que saturan de información la vida cotidiana, y que también ofrecen mil posibilidades de acercamiento a nuevos autores, ¿cree usted que es más difícil rescatar a poetas injustamente olvidados? Lo digo porque, a día de hoy, me parece muy difícil pensar que (aun teniendo méritos para ello) quien no fue leído en vida pudiera serlo después de muerto, como ocurriera hace más de un siglo con Emily Dickinson.

Bueno, sucede que en Chile ahora mismo hay una verdadera obsesión por rescatar a escritores muertos que en su época no fueron reconocidos. Pero también hubo un virulento artículo del novelista Rafael Gumucio en el cual decía que todo ese culto a los muertos le parecía desatinado y sin verdadera justificación. Como sea, por lo menos en Chile, esos escritores sí están teniendo una segunda oportunidad, a través de cuidadas reediciones de sus libros. Es bueno que así sea.  Pero sólo el tiempo dirá si esos rescates eran merecidos o si sólo obedecían a una moda del momento.
                     

Carlos Javier Morales









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