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Jos� Luis Garc�a Mart�n

A continuación ofrecemos una breve conversación con José Luis García Martín (Aldeanueva del Camino, Cáceres, 1950), muy conocido como crítico, ensayista y antólogo de la poesía española actual. Colaborador habitual en varios periódicos y revistas (dirige Clarín. Revista de nueva literatura), es también profesor de literatura en la Universidad de Oviedo. Por eso nos ha interesado su parecer sobre la crítica periodística y ensayística, por un lado, y la crítica académica, la que pretende mirar la poesía con el ojo analítico de la ciencia.

También es autor de una importante obra poética, que modestamente ha reunido (y reducido en exceso) en el libro Mudanza (Pre-Textos, 2004), al que debe añadirse el publicado en 2008, Légamo. Como poeta, funde su experiencia biográfica con su experiencia literaria, que para él es tan viva como la primera. Con un lenguaje más simbólico y misterioso o más narrativo y aparentemente lógico, sus poemas transmiten amor y desengaño por la vida; ternura y desconfianza.  De eso pretendíamos hablar también, aunque él ha preferido centrarse en "lo de los demás".

¿Por qué crees que, para la mayoría de los lectores, has sido conocido primero como crítico que como poeta? ¿Guarda esto alguna relación con la calidad objetiva de tu poesía y de tu crítica, o es un mero resultado del contexto cultural en que te iniciaste?

Recuerdo que una vez Diego Jesús Jiménez me invitó a unos encuentros que organizaba en Cuenca. Me encargó que hablara de la poesía última y se disculpó diciendo: "A mí me habría gustado más que vinieras como poeta, pero es que poetas hay muchos, y críticos muy pocos". No sé si eso será verdad. Lo replica rolex cierto es que, a la hora de organizar un encuentro literario, siempre es más fácil encontrar a quien esté dispuesto a leer sus propios versos que a quien quiera ocuparse de la poesía de los demás.

Yo me he ocupado de la poesía de los demás y nunca he pedido a cambio que los demás se ocupen de la mía. Pero si se me conoce algo como crítico me temo que no es por mis méritos como crítico, sino por razones extraliterarias: nunca he tenido inconveniente en decir por escrito lo que otros pensaban de este o aquel santón (o simplemente amigo) y no se atrevían a decir.

Como profesor de Literatura en la Universidad de Oviedo, conoces y practicas también la crítica académica, la que pretende analizar sistemáticamente los valores de un poeta o de toda una promoción. Sin embargo, ¿por qué te inclinaste tan pronto por la crítica literaria periodística y ensayística, que es, sin duda, tu tarea crítica más copiosa y conocida?

Porque me divierte más y va más con mi carácter. La crítica académica convencional sirve sobre todo para hacer carrera académica, y yo desde muy pronto (desde que fui funcionario) renuncié a ella. Dar clases en un profesor universitario suele ser lo menos importante. A mí de la Universidad es lo único que me interesa.

Así como hace treinta años todo aprendiz de poeta (y, por supuesto, todo concienzudo lector de poesía) sentía interés (y hasta entusiasmo) por la Poesía española de Dámaso Alonso o por la Literatura Española. Siglo XX, de Pedro Salinas, hoy me parece que los estudios académicos sobre poesía sólo llegan a los propios estudiosos académicos y no al lector de a pie, que es quien hace realidad la verdadera comunicación poética. ¿Crees de verdad que la Academia se ha distanciado tanto del lector común? ¿A qué se debe este fenómeno?

El libro de Salinas no era crítica académica en sentido estricto. Estaba constituido en buena parte por reseñas sobre las novedades literarias. Hoy ocurre lo mismo que entonces. Hay catedráticos que lo mejor que hacen lo hacen cuando no se dirigen a especialistas. Es el caso de José Carlos Mainer, aunque no suele ocuparse de poesía. Y, por cierto, una precisión: hablar de la Academia para referirse a la Universidad es muy americano, pero aquí puede llevar a cartier replicas confusión. No se me ocurre ahora qué libro de crítica puede leer el joven de hoy con tanto entusiasmo como yo leí hace más de cuarenta años el libro de Dámaso Alonso, pero seguramente que lo hay. Y estoy seguro de que la obra crítica de Dámaso Alonso (que no era catedrático de literatura, por cierto) no representaba en absoluto el tono de la crítica universitaria de su tiempo.

Parece que la crítica universitaria actual se centra en aspectos muy específicos de la obra de un autor o de una época y, en gran medida, se desentiende de explicar con rigor el valor literario de un poema, que es lo que al lector y al creador más le interesa. Por ejemplo, ¿por qué tiene Lezama Lima tantos devotos y detractores y ningún crítico académico se ha detenido a escudriñar "científicamente" los valores reales de su poesía, cosa que hace treinta años sí se había hecho con autores tan discutidos como Juan Ramón Jiménez o Pablo Neruda? ¿No crees que ésta sería una de las tareas esenciales para un estudioso académico de la poesía?

Yo tengo la impresión de que buena parte de los estudiosos de la literatura carecen de gusto literario.

Yo creo que el valor literario no se puede analizar científicamente. Lo que se analizan son otras cosas, todas las cuales aparecen igualmente en obras que no tienen mayor interés o resultan simplemente correctas. Yo tengo la impresión de que buena parte de los estudiosos de la literatura carecen de gusto literario. Y que les perjudicaría más que les beneficiaría a la hora de preparar ponencias a congresos y otras rigurosas investigaciones no siempre exentas de interés.

¿Cómo ves el presente y el futuro de los estudios literarios en la Universidad? ¿Por qué hay tan pocos alumnos de Filología Hispánica en España? ¿Tan poco interesa la literatura a los nuevos estudiantes universitarios?

El interés por la literatura y el interés por estudiar literatura en la Universidad me parece a mí que no son exactamente la misma cosa. Para estudiar Filología Hispánica tener aficiones literarias no solo no es necesario, sino que puede ser hasta contraproducente.

Hace diez años, que yo recuerde, de tu última antología de la joven poesía española, La generación del 99. ¿No te ha parecido interesante hacer un nuevo balance desde entonces?

La verdad es que he perdido interés por ese tipo de trabajos, enojosos y poco agradecidos. La poesía joven no tiene edad, los poetas jóvenes no suelen escribir poesía joven, sino inmaduros borradores.

¿A qué se deben las polémicas que han suscitado tus antologías anteriores, a la vez tan leídas y citadas?

Nunca recibí cartas tan agresivas, tan insultantes, tan dolidas como las de aquellos que me olvidé de citar. Como si tuviera algún valor aparecer en semejante listín telefónico. Pero la vanidad de los poetas es así.

Todas las antologías suscitan polémicas. Por muy generosas que resulten (y hay verdaderos centones), siempre son más lo que se creen con derecho a estar que los que están. Una vez colaboré en un tomo de la Historia y crítica que preparaba Francisco Rico. Hablé de la generación del relojes replicas ochenta y al final preparé un censo de los poetas que cronológicamente pertenecían a ella y habían llegado a mi conocimiento: unos trescientos. Nunca recibí cartas tan agresivas, tan insultantes, tan dolidas como las de aquellos que me olvidé de citar. Como si tuviera algún valor aparecer en semejante listín telefónico. Pero la vanidad de los poetas es así.

¿En qué medida influyen tus gustos poéticos personales y tu personal entendimiento de la poesía a la hora de antologizar y valorar a los diferentes poetas que abordas en tu tarea crítica?

En mucha medida influyen mis gustos, pero he aprendido a distinguir la poesía que yo prefiero de otra que tiene valor aunque a mí me interese poco. Por otra parte los gustos son variables: en una época leía con agrado a Neruda, luego me cansó un poco, aunque su valor siguiera siendo el mismo.

Después de tu libro Cómo tratar y maltratar a los poetas (1996), ¿tienes algún nuevo consejo que dar? En cualquier caso, ¿sigue siendo necesario maltratarlos?

Mi consejo favorito al poeta que comienza a escribir es que no escriba, que telefonee. Hay demasiados poetas en el mundo. Quiero decir, claro, gente que escriba versos y publique libros de poemas. Habría que dar becas para limitar la producción. Pagar para que estén en barbecho cinco, diez años o el resto de la vida.

Es broma, claro. Pero desanimar un poco está bien. Solo el que a pesar de todo sigue escribiendo puede llegar a ser un buen poeta. (Aunque también los hay malos, y bien malos, inasequibles al desaliento: alguno lleva ya ganados trescientos premios de poesía).

No me gustaría acabar esta entrevista, centrada en la crítica literaria, sin preguntarte algo sobre tu poesía última, especialmente sobre Mudanza (2004) y Légamo (2008). ¿A qué se debe que hayas adoptado esa visión tan desengañada de la vida, en detrimento de esos poemas más jubilosos que aparecían en tus libros hasta Principios y finales (1997)?

Uno no adopta una visión u otra voluntariamente. Pero de mi poesía no me gusta hablar. En la casa del escritor hay muchas habitaciones. Unas son luminosas y adecuadas para la charla informal, el ingenio y la fiesta. Otras húmedas y oscuras y a ellas solo se baja muy de tarde en tarde. Mi poesía última se escribe en el sótano, un lugar donde la vida no parece tener demasiado sentido.

A la vez, esa visión desengañada se vierte en un poema más abiertamente reflexivo, narrativo y lógico. ¿Crees que esta mayor "claridad" es consecuencia de la madurez vital desde la que escribes?

Mis poemas pueden parecer reflexivos y lógicos, pero están escritos casi en trance, en una forma de escritura automática. Como poeta "oigo voces" y esas voces que oigo, no yo, son las que hablan en la mayoría de mis poemas últimos.

Carlos Javier Morales










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