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Ida Vitale

Ida Vitale es una de las poetas más interesantes que escriben hoy en día en castellano. Nacida en Montevideo en el año 1924, exiliada en México en 1974, vive actualmente en Austin (Texas). A lo largo de casi sesenta años ha publicado varios libros de poemas, y prosas, así como varias traducciones. Frecuentó a los grandes escritores de la literatura hispanoamericana, desde José Bergamín, Borges, Julio Cortázar, Octavio Paz, o Emilio Adolfo Westphalen. La entrevistamos en la Residencia de estudiantes de Madrid, donde ha sido invitada dentro del Ciclo Poeta en Residencia, y donde pudimos escuchar lecturas de poemas, varias conferencias suyas y encuentros alrededor de su obra. Entre sus libros queremos mencionar Sueños de la constancia, Procura de lo imposible, Reducción del infinito, y Trema, estos dos últimos publicados en España, por Tusquets y Pre-Textos, respectivamente. A lo largo de toda su obra Ida Vitale ha trabajado con rigor el lenguaje, en busca de una esencialidad, una levedad, un despojamiento de todo lo artificial, de todo lo que sobra.

Ida Vitale tiene en los ojos su vida entera. Conserva en su estar, en sus gestos, toda la belleza. Nos envuelve su fuerza, su voz, su modo de hablarnos, de escucharnos. Nos gusta cómo se queda pensando, cómo va y viene entre sus palabras, cómo sabe de las palabras algo que no sabemos los demás.  Va a darnos una lección de vida. Habla directamente, con profundidad, con sabiduría, sin guardarse nada. Nos gusta su secreto. Tiene un aire de actriz de cine antiguo. Y yo la trato como si fuera una estrella. 

Hay en tu poesía, un equilibrio interesante entre lo fragmentario y lo preciso, como si todo estuviera acabado e inacabado. ¿Es así tu pensamiento? Tu obra es leve, tu lenguaje es frágil, como si el poema estuviera a punto de echar a volar.

Está bien tu análisis. Inacabado es el espacio que uno le da al silencio, que sería equivalente al blanco en la página. Todo se escribe para que el lector lo complete.

La música y el ritmo son decisivos en el poema, pero en ocasiones es algo que se agota. Ayer hablábamos de Celan, en ese sentido su obra es ejemplar. Se apoya en ese dolor que nunca es brillante, en la ausencia de efectismos. Y también de él nos atrae la falta de claridad, lo incomprensible, que acaso sea la naturaleza del dolor. Y que sin embargo entendemos a través de otras formas, del ritmo, o incluso del absurdo. A veces recordamos las metáforas más extrañas porque son las menos obvias, esto también es una tarea de la poesía. Aunque a veces la belleza es obvia, eso no quiere decir que no haya que buscarla de otra manera. 

Te muestras y te ocultas muy bien en la palabra. Usas la palabra como máscara. ¿Es la palabra la máscara ideal? ¿Dónde está tu dolor?

Por otra parte el dolor no es sólo dolor, es también alegría. El dolor está siempre junto al poema, pero nunca de un modo obvio.

Detrás de cada palabra que escribimos está todo lo que carga y apoya, la palabra escrita es sólo la superficie. Cada palabra debe ser la punta de un iceberg, debe esconder todo su misterio. Por algo la elegimos, aunque toda esa carga no podamos ponerla en el poema. Por otra parte el dolor no es sólo dolor, es también alegría. El dolor está siempre junto al poema, pero nunca de un modo obvio. Es necesario permitir que las experiencias se asienten y se transformen, para que sean realmente importantes, para no ser obvios, para seducir, para conservar el misterio. 

¿Por qué te exilias? ¿Qué cosas te trae el exilio?

Los tupamaros empezaron en Uruguay con acciones útiles, pero en el año 73 vimos que todo podía estallar. Un amigo diplomático nos confirmó nuestras suposiciones sobre lo que iba a pasar y me ofreció una beca en México. Aunque es cierto que Uruguay no sufrió una dictadura tan tremenda como Argentina o Chile. Me acuerdo por ejemplo del primer hombre que mataron los tupamaros: había un silencio sepulcral en Montevideo como nunca lo había oido. A partir de ese día supimos que habríamos de exiliarnos.

De todos modos, la historia siempre es confusa, y al final la eligen siempre los que salen mejor parados. Yo pienso siempre en la época de Dante: ahora no sabemos quiénes eran de un bando, quién de otro, qué motivos tenían... aunque siempre nos ponemos de parte de Dante. 

Tu poesía está siempre por encima de tus circunstancias vitales y eso, pienso yo, también es una forma de resistencia. 

Yo creo que el exilio me mejora como persona y como poeta, y no soy la única. Porque es una apertura inesperada a otra realidad, con otras formas de vivir, con otras lenguas.

México, por ejemplo, es un lugar de acogida de muchos exiliados de las dictaduras sudamericanas, y también de la española. Y por otro lado es un país en el que el pasado está presente, incluso replica watches en los rostros. Allí vas en el autobús y puedes distinguir perfectamente mayas y aztecas. Yo estoy muy agradecida a los países que nos han acogido, México y Estados Unidos, que además lo han hecho en un plano de igualdad. Y creo que mi obra es la primera que lo ha agradecido. Al principio uno siente que le faltan cosas, y sigue echando en falta un punto seguro, porque desde entonces no hemos parado. Y no se puede vivir toda la vida de un lugar a otro. 

¿Cómo es ahora tu vida en Austin? 

Me gustan mucho, por ejemplo, las bibliotecas de Estados Unidos. Ya no quiero una biblioteca propia, devolvemos todos los libros a hora. Es un país muy criticado, y quizá con razón, pero en algunos aspectos son de una gran generosidad. Pero uno no deja de estar en otra lengua, y yo cuando vuelvo a oír el castellano me acuerdo de la alegría de Juán Ramón Jiménez cuando llegó al Río de la Plata y pudo oír otra vez su lengua. 

¿Qué poesía norteamericana te interesa? ¿Qué poetas lees hoy? 

Yo manejo mejor el francés y el italiano. La poesía italiana es la que más he leído en los últimos tiempos, aunque relea a poetas como Wallace Stevens o Emily Dickinson. Creo que el paso del italiano al español es muy rápido y natural. Sigo leyendo a Montale, a Ungaretti, Andrea Zanzotto... 

¿Cuál crees que es tu hallazgo?

Mi hallazgo no es ninguno. Si acaso la constancia, la insatisfacción. Entregar un libro me cuesta mucho, aunque nunca me he arrepentido. Este sistema actual en el que no mandan pruebas ni hay galeras no me gusta demasiado. Lo más importante, de todos modos, es mantener vivo el impulso del poema, la fidelidad a ese impulso. Saber vivir con el poema. La técnica lo único que da es saber con seguridad lo que debe ser eliminado. 

¿Hay encuentro posible entre lo político y lo poético?

El verdadero compromiso no está en esa acción política si no en otras cosas más sencillas, más humanas. Cosas que puede que no sean inmediatamente útiles, y no me refiero sólo a la poesía, si no a las actividades cotidianas.

En mi opinión no. Sólo hay que echar un vistazo a la historia. En el aspecto político, lo que parece venir en el futuro no es nada ilusionante. Nos encontramos más a menudo con la mentira que con la verdad. El político es el que sabe mentir con la apariencia de la verdad, porque si convence a uno no convence al otro. Tiene que dejar siempre la esperanza abierta. Yo aún no he podido resolver si vivimos en un mundo mejor o peor, aunque cada día nos dicen que estamos acabando con todo. Vivimos quizá en un mundo más fácil, en el que la vida es más larga, en el que todo es ágil y cómodo. Pero también pienso que la vida de mis abuelos era más tranquila y saludable, aunque quizá más limitada y más pobre en muchos aspectos. No puedo poner mi confianza en la política, porque eso siempre cambia. Cuando uno es joven puede confundir la implicación política con lo que debe hacer en su vida, pero de pronto el verdadero compromiso no está en esa acción política si no en otras cosas más sencillas, más humanas. Cosas que puede que no sean inmediatamente útiles, y no me refiero sólo a la poesía, si no a las actividades cotidianas. Si a la gente se la deja sola y tranquila sabe vivir y convivir. El problema es que muchas veces se invita al conflicto. Pero todo el mundo está ya contaminado. Ya nadie ve al otro como un individuo sino como una representación de otra cosa. Yo, por mi parte, me he vuelto exigente. Necesito que me demuestren que las cosas son como son. 

¿Dónde está la mística hoy? Tus palabras, tu escritura, nos evocan a menudo a los poetas místicos españoles y europeos. 

La elevación de las cosas, las epifanías: eso ya son palabras mayores, que hay que manejar con mucho respeto. La religión católica es muy ritual y convencional en sus costumbres y su relación con las cosas. Quizá en el mundo oriental se ha mantenido más la mística tal y como yo la concibo. Aunque el mundo nos aleja de la mística, yo vuelvo a la soledad, al aislamiento. Es cierto que en mi obra hay menciones a elementos místicos y naturales, muchos poemas sobre animales, sobre pájaros, por ejemplo. Pero también puedo pensar que eso sólo viene de mi gusto por las cosas agradables y bellas de la vida. De un pájaro uno nunca va a esperar una mala acción. 

¿En qué crees? ¿En quién crees?

Soy agnóstica pero con dudas. Creo en ciertas leyes de la naturaleza. Creo que cuando el hombre va contra la tierra, la tierra se vuelve contra el hombre, se venga. La naturaleza es lo que todavía nos une a lo que era la tierra en su mejor momento. Aunque la naturaleza no está siempre a favor del hombre. Los hombre sufren el exceso de población, la contaminación, pero los pájaros, los animales, lo sufren primero.

Te voy a poner un ejemplo: hay un supermercado en Austin, y en los alrededores siempre hay multitud de palomas, que comen la comida basura que dejan los humanos. Todas las palomas están enfermas, tienen las patas torcidas, están cojas. El problema es que los pájaros han confiado en los hombres demasiado. 

Es una poeta fiel a sus fidelidades, a sus amigos, a su amor, a su memoria, a su silencio. Ida Vitale crea un clima, un estado de la palabra, el mismo estado ligero y profundo de sus poemas. Nosotros intentamos que nos contagie algo.

Mientras nos despedimos nos sigue contando anécdotas y encuentros, hablamos de Marosa DiGiorgio, de Idea Vilariño, de Eielson, de Blanca Varela, de Pizarnik, de Westphalen, de Enrique Molina, de Olga Orozco, de Alberto Girri. Nombra a todos. A todos los poetas, muchos tan desconocidos en España, que nos han permitido volver a encontrarnos con lo mejor de nuestra lengua y de nuestra poesía. Nosotros nos quedamos desorientados en esta Residencia de Estudiantes, sin saber hacia dónde ir. 

Pablo Fidalgo Lareo

 










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