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Seamus Heaney

En la reciente edición del festival internacional “Cosmopoética” (Córdoba), el Nobel irlandés Seamus Heaney ofreció a los medios una rueda de prensa en el Centro de Estudios Gongorinos, antigua casa rehabilitada de Góngora. Escuchar a un nobel durante una hora hablar de poesía y de compromiso, del quehacer del poeta y de la utilidad del poema da para mucho más que un titular, tres frases entrecomilladas. Por eso hemos querido publicar aquí las palabras íntegras que pronunció Heaney, separando cada una de sus opiniones por temas. Esta traducción, revisada por Fruela Fernández –uno de los organizadores del festival e intérprete de Heaney durante la rueda de prensa-, tiene, pensamos, todo el valor y el contenido de una entrevista, de un encuentro en el café Gijón de Poesía Digital.

0. Previa

Sólo decir que para mí es un gran honor participar en este festival, no sólo porque se celebre en Córdoba -cuya tradición poética es tan profunda y tan importante, lo cual ya es un privilegio para mí-, sino también porque es un festival muy bien organizado, que consigue mantener la verdad de la poesía, ser fiel a su gran nivel. Pero también logra convertir la poesía en algo propio de la comunidad. Me pareció que la gente sentía un placer al estar en compañía; eso implica que no sólo es un evento de tipo artístico, sino también una celebración de la felicidad en sociedad.

1. Sobre felicidad y poesía. La utilidad del arte

Si se dice que el arte es útil, se hace necesario preguntarse cómo, en qué medida. En mi opinión, podría decirse que el arte es útil para crear un interior, una zona de protección de los sentimientos. En ese sentido, no importa si el tema de la obra de arte es una circunstancia feliz, si habla de la felicidad o su búsqueda; lo que importa es que la obra asienta algo, incluso si es algo trágico: crea una satisfacción y, a la vez, un equilibrio interior para la conciencia del sujeto. El arte ayuda a crear esa conciencia. En cierto modo podemos decir que el arte no hace demasiado por la sociedad, pero sí puede cambiar en algo al individuo. Y, si tenemos suerte, otros individuos dirán: sí, es esto. Y, entonces, de lo autobiográfico, de esa experiencia autobiográfica de la verdad, podremos llegar a una especie de valores culturales, a crear un valor para lo que ocurre. La publicidad, el éxito, son añadidos respecto a esto. Lo primero de todo es la realidad de la experiencia individual.

Suelo hacer un chiste en inglés, que al traducirlo va a perder mucha de su gracia. En inglés, “heard” significa rebaño -de ovejas, de ganado en general-, mientras que “hear” es oír. Haciendo el juego de palabras, digo que la poesía no es el “heard” del rebaño, sino el “hear” del oído, de lo que se oye, de lo que se escucha. En la medida en que la poesía siga siendo oír, no llegará nunca a ser para el rebaño.

2. Sobre el acercamiento de la poesía al gran público

Pero yo, por mi experiencia personal, por mi carácter, me siento responsable de representar a la poesía; por eso, no sólo participo en festivales, sino que también me someto a la estricta rutina de las conferencias de prensa y de otros actos públicos.

He sido profesor desde que tenía veinte años y creo que sin profesores no habría tenido experiencia alguna de la poesía. Reconozco que me ayudaron mucho, también como persona. Por tanto, estoy de acuerdo con la idea de que festivales como éste forman parte del sistema de educación pública. Por supuesto, entiendo que no todos los poetas sienten esta responsabilidad hacia la educación e incluso que no todos necesitan tenerla. Pero yo, por mi experiencia personal, por mi carácter, me siento responsable de representar a la poesía; por eso, no sólo participo en festivales, sino que también me someto a la estricta rutina de las conferencias de prensa y de otros actos públicos. Creo que uno de los oficios del poeta es representar a la poesía, representar al arte en público, algo que es totalmente distinto de leer poesía y escribir poesía. Este oficio es, por así decirlo, una responsabilidad cívica. De este modo, es bueno reconocer la labor de las autoridades locales, que están haciendo un esfuerzo para que se amplíe esa base. Ahora bien, lo malo sería caer en lo vulgar, rebajar el nivel para llegar al público, preparar un festival que estuviera por debajo de los niveles de lo que es la poesía. No ocurre así en Cosmopoética: si uno ve la participación, la lista de los poetas de este año y de otros años, comprueba que el nivel de exigencia se respeta. Aunque, lógicamente, eso puede convertir la programación en algo complicado para ciertos públicos, porque la poesía puede ser en cierto sentido difícil, pero es absolutamente necesario transmitirla sin rebajarla.

3. Sobre la evolución de la poesía de Seamus Heaney

Creo que es difícil saber qué sucede en la poesía de uno a lo largo del tiempo. No me siento un poeta distinto ahora de aquél que era cuando empecé, aunque, obviamente, hayan pasado muchas cosas. Esta mañana he dicho que todos los poetas son poetas jóvenes y que todo poema siempre es un primer poema. Uno puedo aprender a hacerlo mejor, a “fracasar mejor”, como decía Samuel Beckett. Quiero decir, no es que yo piense que he fracasado con mis poemas, porque, obviamente, si crees que tus poemas son un fracaso no los publicas, pero creo que la frase de Beckett sirve como advertencia para la humildad. Si uno es, por ejemplo, un cirujano y hace su primer trasplante, se siente de forma muy distinta a cuando hace ese tipo de trasplante la vez cinco mil. En esta última estará desde luego más seguro que la primera vez, tendrá más confianza. Pero eso no ocurre con un poema. No creo que cuando escribes el poema cinco mil tengas más confianza al hacerlo que al principio. Esa ansiedad con la que se trabaja, esa inquietud, es igual en cada poema. La frase de Beckett es muy ingeniosa y muy negativa, muy acorde con él, pero ciertamente si lees sus obras, como Molloy, puedes comprobar que ha fracasado muy bien.

La función de la poesía es dar más de lo que es normal, de lo que es usual. Tiene que ser consciente de lo negativo que hay en la vida y no puede ignorarlo, pero tiene que alzarlo, tiene que añadir algo, tiene que añadir placer.

Sí se puede observar en mi trayectoria algo que podríamos denominar distintos tipos de poesía. Ya dije ayer, durante la lectura en el Alcázar, que el contexto en el que nací era muy particular. Podemos decir que estuve en el Edén un tiempo, porque me crié en una granja totalmente aislada. Nací en 1939 y, por tanto, en una situación histórica bastante crítica, pero no tuve conciencia de la guerra mundial. Es cierto que cerca de nuestra granja había un aeródromo donde los soldados americanos llegaban con sus aviones y repostaban antes de invadir Europa, pero durante mucho tiempo no supe nada de la guerra ni tuve conciencia de su gravedad. Por así decirlo, aquello era un paraíso pastoril y me influyó, por supuesto. Poco a poco fue cambiando esa visión, porque la poesía tiene relación con ese paraíso, con ese Edén, pero estoy convencido de que en un momento determinado tiene que dejar el Edén e ir al mundo. En cierto modo, la primera época de mi poesía es una poesía donde habita la inocencia, la seguridad, los lugares soñados. Después, en otra fase posterior, considero que hay que tratar el mundo de fuera, donde –hablamos de Irlanda del Norte- hay una serie de circunstancias, también personales, que no se pueden obviar. Ahora bien, he de reconocer que más adelante también me satisfizo liberarme del peso de la responsabilidad del mundo. Creo, y lo he dicho muchas veces, que la función de la poesía es dar más de lo que es normal, de lo que es usual. Tiene que ser consciente de lo negativo que hay en la vida y no puede ignorarlo, pero tiene que alzarlo, tiene que añadir algo, tiene que añadir placer.

Relacionada con esta definición de poesía puede venir a cuento una historia real. Un diplomático irlandés se encontraba formando a un diplomático más joven y, en un momento concreto, mientras le hablaba acerca de la seguridad de los documentos, cómo tenerlos controlados, le dijo: esto es un punto menor de significado mayor. En cierto sentido, en eso se basa el arte: en aspectos menores que tienen un significado mayor, superior.

4. Sobre la poesía y el testimonio

Para mí, uno de los mejores poetas, quizá el mejor poeta del siglo veinte, es un poeta polaco, Czeslaw Milosz, que pasó por una experiencia personal terrible. Sufrió la guerra en Varsovia, la ocupación de su país por parte de alemanes y de rusos, fue testigo del guetto. Sobre todos esos argumentos escribió de una manera maravillosa. Creo que ha sido uno de los poetas más responsables y más admirables desde el punto de vista moral. Cuando le conocí sentía una gran timidez y él me dijo algo sobre su poesía que nunca olvidaré, con su marcado acento polaco: “Me siento como un niño pequeño jugando a la orilla del río”. Ciertamente, para que puedas soportar ese peso has de creer en un arte que sea libre y capaz de ofrecer algo distinto. Por supuesto que él se sentía mucho más que ese niño pequeño, pero el ser ese niño pequeño era en parte lo que ayudaba a soportar ese peso.

También recuerdo otra cita de Milosz que me parece muy útil y que se relaciona con esto. Una vez se describió a sí mismo como alguien que estaba oprimido entre la tendencia a la contemplación, a la emoción, y la necesidad de participar históricamente. Es decir, estaba de alguna manera entre la política y la trascendencia.

5. Sobre la poesía y la política

La poesía no es un arma, sino un elemento del mundo. Algunos poetas tienen una inteligencia política que les permite leer el mundo políticamente. En ese sentido, Brecht era un caso muy especial. También Neruda, en determinados momentos y de determinadas maneras. Creo, sin embargo, que los poemas más políticos de Neruda son las Odas elementales. En ellos se ve clara esa sensibilidad que tiene hacia determinadas cosas muy pequeñas: tejer un par de calcetines, el poema sobre la sal. Esos poemas reflejan la condición de los pobres, de los desgraciados del mundo: gentes para las que los calcetines o la sal son cosas muy necesarias. Al margen de esos poemas, quedan otras cuestiones, como viajar para encontrase con Stalin, que no tienen que ver ya con la poesía política, sino con el hecho de que un poeta use su condición de ciudadano y actúe para modificar el mundo.

La poesía no puede identificarse con la política. Si la política quiere cumplir su misión, ser lo que debe, tiene que basarse en la solidaridad, en mantenerse juntos, casi en el sentido militar de “no romper filas”. Pero, en poesía, ser solidario supondría en cierta medida la muerte del interior, la pérdida del sentido interior. Brecht, aun con sus afiliaciones políticas, tuvo una inteligencia objetiva que le permitió no sucumbir a ese encanto de la vida política moderna. Lo mismo podría decirse del poeta polaco Zbigniew Herbert. En las antiguas historias de tebeo de Supermán, uno de sus poderes era la visión de rayos X, que le permitía ver a través de los objetos, el interior, la verdad del objeto, de las cosas. El poeta político debería tener esa visión para poder leer las cosas, su verdad.

Aunque también es cierto que, a veces, con un solo ejemplo se puede contradecir todo lo que he dicho. Estoy recordando a un poeta totalmente distinto a éstos de los que he estado hablando, pero también de una gran relevancia política: Allen Ginsberg. Durante los años sesenta y setenta fue el exponente más importante de la política internacional alternativa de EEUU. Durante la guerra de Vietnam, la fama de Ginsberg era tal que podía ser considerado una estrella. Su estatus llegó casi al de profeta contra la guerra. Tuvo mucho éxito, en ese sentido. No es mi tipo de poesía desde el punto de vista estético, no es lo que yo considero mi poesía ideal: él estaba sin duda más cerca de lo que podemos entender como la profecía que de la poesía. Pero, en cierto sentido, también fue el autor de Aullido y de otros poemas que marcaron una época, que son grandes poemas.

6. Sobre la poesía en castellano y su recepción en los países de lengua inglesa

Reconozco que me encuentro alojado en la ignorancia común del lector medio inglés acerca de lo que se escribe en castellano.

No sé si voy a decir lo que se espera que diga aquí. La poesía internacional existe, lo he comentado hace unos minutos, gracias a la traducción. Por desgracia, no tengo conocimiento del castellano. Por supuesto conozco la obra de poetas como Lorca, Machado, Cernuda, el mexicano Octavio Paz, en catalán conozco a Espriu y a Gabriel Ferrater, pero no podría mencionar muchos más nombres de autores en castellano que conozca bien. Y tampoco querría mencionar a poetas que he conocido estos días sólo porque los acabo de conocer, eso no sería justo. Reconozco que me encuentro alojado en la ignorancia común del lector medio inglés acerca de lo que se escribe en castellano.

Le decía el otro día a Jordi Doce que él, sin embargo, sí ha estado atento a lo que ocurre en lengua inglesa. Nosotros necesitamos urgentemente una antología de poesía contemporánea de los últimos 50 años. Durante los 40-50, el mundo de habla inglesa tenía el oído preparado para atender a lo que ocurría fuera, también a lo que se publicaba en este país. En los 60-70, especialmente en EE.UU., se estaba atento a lo que ocurría en Latinoamérica y eso, en cierto modo, cambió cosas. Pero no se dio esta circunstancia, este interés, en Gran Bretaña y, por supuesto, tampoco en Irlanda, si descontamos, claro, a algunas personas interesadas, algunos traductores. El lector medio, el lector habitual no tuvo, ni tiene ahora, esa información. Yo, por ejemplo -lo recuerdo ahora que veo su fotografía- conocí a Gamoneda por casualidad, porque escuché una lectura de sus poemas y leí algunos poemas traducidos. También recuerdo ahora a autores importantes como Miguel Hernández o Juan Ramón Jiménez. Pero ellos fueron traducidos mayoritariamente en Estados Unidos y he llegado a ellos no desde Irlanda, sino gracias a que residí en EE.UU. en los años ochenta y conseguí tantos libros y tantas traducciones que ya no cabían en las estanterías.

No hay un lugar, unas personas, unas publicaciones que puedan guiarnos por vuestra poesía en la actualidad. Es una situación negativa, sin duda, porque la poesía es parte importante de la cultura de España y tiene una tradición continua durante los siglos. Además, tenéis una conciencia clara de esta tradición, como demuestra el hecho claro de que estemos ahora en esta casa. Nosotros, con este desconocimiento de lo que ocurre en España, nos comportamos como provincianos.


7. Sobre el poeta en un país extranjero. Sobre la traducción

Mi poesía ha sido bien traducida aquí y en México, y eso es positivo. Sin embargo, yo no soy muy partidario de acudir, en general, a festivales. He cumplido 69 años y creo que he tenido mucha suerte en todo este tiempo, porque se ha prestado una atención muy especial a mi poesía y he recibido multitud de invitaciones. En su momento, realicé muchas lecturas en escuelas en Irlanda, en Belfast. Más adelante, también iba a leer a Inglaterra, a los Estados Unidos... He dado muchas lecturas. Por supuesto, siempre ha sido un problema no hablar castellano. Estos días, por ejemplo, este desconocimiento de vuestra lengua ha imposibilitado que acudiera a algunas de las lecturas que ofrecía el programa de Cosmopoética.

El disfrute de un festival es, se puede decir, relativo. Por una parte, es un hecho incuestionable que en los últimos trece años no ha sido la poesía el componente principal de las invitaciones que he recibido. Obviamente, ha sido un motivo, pero no creo que fuera el de más peso. Más bien ha sido la “conexión con Estocolmo” lo que ha más influido. Invitar a Seamus Heaney a un festival e invitar a un premio Nobel a un festival son dos cosas distintas. Si vienes como Nobel sabes que se te va a pedir algo más que una lectura: entrevistas, ruedas de prensa, clases magistrales. En sí mismo no es un problema este trabajo extra, pero tienes que aceptarlo y tomar conciencia de que eso es así y va a suceder. El problema es que si vienes como un poeta célebre a un festival y la traducción no es buena, hay mucha gente y, al final, no haces más que entrar y salir de una a otra sala, es difícil que el público tenga una experiencia significativa de tu poesía. Aquí en Córdoba he tenido la suerte de estar representado por un muy buen traductor como es Jordi Doce, que ha conseguido transmitir la música y la emoción de mi poesía, pero si eso no se produce no sirve de nada ir a un festival. El hecho de haberle conocido con anterioridad me daba una cierta seguridad a la hora de decidirme a acudir aquí. Además, sabía por otras fuentes que éste era un festival de poesía verdadero, un festival de poesía y de poetas. Por supuesto, si tuviera fluidez en castellano me sentiría más seguro, pero eso no quiere decir que viniera más a menudo, o que me apeteciese más venir a festivales. En cualquier caso, me siento muy feliz de estar aquí.

Traducción de Fruela Fernández

 

 

 










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