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Clara Janés

"El poeta incita al diálogo"

Clara Janés ha creado, durante más de 40 años de escritura poética, un universo propio e inconfundible. Ha acercado a la poesía española algunos de los mejores poetas del siglo veinte, como Vladimir Holan, Jaroslav Seifert, Antonio Ramos Rosa, Sohrab Sepheri o Ahmad Shamlu. Ha traducido a poetas árabes clásicos, y recientemente ha publicado la traducción de los poemas de Al muttanabbi en Ediciones del oriente y del mediterráneo, la colección de poesía que dirige, y que es, probablemente, la mejor editorial de poesía de España. En los últimos años ha publicado algunos de sus libros más importantes, desde Arcángel de sombra, Paralajes, Fractales, Huellas sobre una corteza, o Espacios traslúcidos. Rosa Chacel, Maria Zambrano, Rafael Martínez Nadal o Eduardo Chillida han sido algunos de sus mejores amigos. Por todo ello, Clara Janés se nos presenta como una figura decisiva en la poesía y la cultura española.

Dices que todos tus libros son cartas. ¿El día que no tengas a quien escribir no escribirás? ¿Conocemos a otros para poder seguir escribiendo?

Uno es varios unos, así que a falta de “otros” yo me multiplico. Pero, oh asombro, siempre llegan “otros”, que además resultan superinteresantes y que no hemos tenido que salir a buscar. Esto puede hacerte cambiar de idioma o traducirte incesantemente, y de hecho es una práctica que suelo llevar a cabo. Son tareas que te lanzan a investigaciones inesperadas y a traducciones inesperadas. Tengo en mi ordenador más de un apartado de “otros”. Hay mucha poesía desconocida que de pronto, por una vía inesperada, llega a ti. Es casi secreta y está llena de confluencias con seres lejanos o muertos con los que se puede dialogar. Todo lo que escribes te lo explicas a ti mismo, un yo que ya es otra persona. 

En tu obra se encuentran muchas tradiciones y recreaciones de mitos. Yo creo que, a pesar de todas las referencias y todo lo que respalda tu poesía, las utilizas simplemente como medio para crear tus propios mitos y de algún modo destruir los antiguos. ¿Crees que todo es reescritura? ¿Podemos volver a crear mitos como los clásicos?

Lo importante es siempre, como decía Rosa Chacel, “seguir”, porque eso indica la vida. Yo creo que siempre mitificamos, respondiendo a un instinto que se tiene desde la infancia. No puede ser de otra manera. Sentimos, porque lo vivimos, que todo es fugaz, cambiante, voluble, y atribuimos a seres o cosas un valor sólido, total, representativo para poder seguir. A veces lo compartimos, otras no. A veces nos unimos a los mitos de otros y los incorporamos. ¿Es Hamlet un mito? ¿Es una creación de Shakespeare? ¿Es el representante de un mito gnóstico, como pensaba Cirlot? ¿Es el respetuoso que nos cuenta Lacan? ¿Soy yo? Si para mí Hamlet no representa la duda, ¿es, pues, realmente Hamlet? ¿Son uno mismo Hamlet y Ofelia?  Todo esto es tan mutante como cualquier cosa en la vida, pero hay que construir. Son material de construcción, no sólo de escritura. 

¿Por qué elegiste Madrid en vez de Barcelona? ¿Es para ti un exilio, sin serlo del todo?

Yo no he elegido casi nada en mi vida. Es el azar quien elige. En este caso mi marido vivía en Madrid, y luego llegó mi hija. Pero yo siento que vivo en cualquier lugar. Ahora, por ejemplo, estoy en el No mundo de Cirlot.

Para ti Bobrowski es un poeta más importante que Celan. ¿Todas las obras canónicas acaban siendo reconocidas? 

Con sobriedad, fuerza y naturalidad, Bobrowski llega a unas innovaciones formales aún más arriesgadas que las de sus predecesores. Claro que él expresa ante todo el ser del hombre inserto en la historia y en el mundo.

¿Qué es una obra canónica? Confieso que no sé nada de esas cosas, que siento muchas rupturas. La de Bobrowsky es imponente. Para expresar su pensamiento de altura metafísica, Rilke buscó una forma que rompiera los moldes tradicionales, acercándose a lo que Rodin o Cezan hicieran en escultura y pintura. Su contemporáneo, Georg Trakl, con fuertes pinceladas expresionistas, expuso más una atmósfera y un sentir que conceptos abstractos. Estos dos hitos poéticos en lengua alemana alimentaron la expectativa: ¿quién dará el paso siguiente? Indudablemente, ese paso lo dio  Bobrowski. Con sobriedad, fuerza y naturalidad, Bobrowski alcanza unas innovaciones formales aún más arriesgadas que las de sus predecesores. Claro que él expresa ante todo el ser del hombre inserto en la historia y en el mundo. Mundo, hombre y devenir forman un todo expresable sólo fragmentariamente, ya que cada ser es sólo una parte, pero una parte que no se desparrama. Por ello, intensidad es la palabra que lo define. 

¿Ante qué te paras en la calle? ¿Qué te hace bajar la mirada? 

Bajo la mirada para no poner el pie en un agujero, aunque frecuentemente lo olvido. Me paro cuando voy con el cuaderno en la mano y escribo un poema andando. Me paro también si, de golpe, tropiezo con Luis Antonio de Villena. 

Veo tu vida como una serie de encuentros decisivos. Rosa Chacel, María Zambrano, Vladimir Holan, Eduardo Chillida... ¿Es la poesía una forma de ir al encuentro? 

Siempre es ir al encuentro. El libro, el poeta, incita al diálogo.

¿De qué manera puede la poesía transformar las cosas, la materia? ¿Escribir es ya actuar?

Empieza por transformarlo a uno mismo, porque muchas veces da claves de la propia personalidad que uno no conocía. La acción posterior llega sola.

Tu poesía remite siempre a la infancia, una infancia bastante feliz. ¿Crees que en la infancia vivimos y en los años siguientes sólo nos ocupamos de sobrevivir?

No lo creo, en absoluto. De todas formas, cada uno experimentará su infancia de un modo. Yo vivía en una clausura y sentía que la vida era otra cosa, por eso empecé a escribir: para inventar la vida, para provocarla.

En tu obra poética has tocado muchos temas y algunos apenas habían sido tratados por la poesía, como la física o las matemáticas. ¿La poesía transforma el mundo o inventa uno nuevo? ¿Se trata de convertirlo todo en poesía? 

Cada uno hace lo que puede. Yo me divierto enormemente con estas cosas porque las siento y las intuyo muchas veces sin poderlas explicar. Viene un verso y te dice algo, y eso eso es todo. Tu camino entonces comienza en la búsqueda de la procedencia. A veces es al contrario: compras un fósil, lo pones sobre la mesa y sale una línea. Creo que soy poeta, sencillamente. Otros serán otra cosa e inventarán el mundo de otro modo. 

Siempre has querido hacer cine. ¿Qué película te gustaría haber rodado?

Mi película sigue siendo Cuerno de cabra, de Metodi Adenov. Seguramente tiene mucho que ver con la primera novela que escribí y destruí a los 17 años. Un mundo brutal, de amor y venganza, donde todo acaba en fuego.

Has hecho muchas cosas. Has sido actriz, has cantado, has dado clases, has hecho libros de artista, esculturas ¿Es para ti importante rodearte de cosas bellas? ¿Dónde está para ti, ahora, la belleza? 

La belleza para mi está siempre en la armonía. Eso me aleja a veces de determinado tipo de arte. Pero intento disfrutar con todas las cosas que hago: disfruto limpiando un cristal, pintando una puerta, fregando un plato. 

¿Es la poesía una forma de estar en el mundo o una forma de abandonarlo?

Otras veces no publicas algo por lo mucho que lo amas. A mí me ha sucedido y me sucede aún. Te vas a ese mundo en secreto. 

Dijo Cirlot: “la poesía es lo que el mundo no es y no me da”. Estoy con él. Otra cosa es la obra hecha. Esta te coloca en el mundo, si la publicas. Otras veces no publicas algo por lo mucho que lo amas. A mí me ha sucedido y me sucede aún. Te vas a ese mundo en secreto. 

La independencia creativa es también característica de tu obra. Se podría decir que has creado toda una literatura, una forma de entender el mundo, tanto con tus libros como con tus traducciones, al margen de la escena contemporánea de nuestro país. ¿Falta cultura en la sociedad española?

Tal vez, aunque muchas veces sobra erudición. Creo que lo que falta ante todo es libertad mental, amplitud de horizontes, curiosidad.

¿Dependen los grandes poetas de su tiempo? ¿Volverá a haber un Holan, un Elliot, un Bobrowski? ¿Qué poetas españoles te interesan ahora? 

Gamoneda me basta. Por lo demás, y como decía Lorenzo de Medicis, creo que del mañana no hay certeza.

Antes de tu encuentro con Holan, pasaste seis años sin escribir. ¿Son imprescindibles experiencias así para entender el valor de la palabra?

No lo creo. Por otra parte hay distintos valores de la palabra y algunos, como no utilizarlas -la decisión de no hablar-,  muy dudosos.

Si tuvieras que cerrar esta entrevista con un verso, ¿cuál elegirías?

Dos, de Holan:
 
Ya ni siquiera presentimos
y después nos quedamos asombrados.

Pablo Fidalgo Lareo










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