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Enrique Falc�n

"La poesía, en cierto sentido, es útil"

Se lee en la contraportada de la antología Once poetas críticos en la poesía española reciente: "Todo poema conlleva una postura de lenguaje y un determinado gesto en el mundo, y los que aquí se recogen lo miran con las lenguas del cariño y de la ira, las de la protesta y el compromiso, las de la denuncia y la resistencia. Las páginas del presente volumen caminan por algunos de esos poemas que, enfrentándose a la realidad del tiempo que hubo de herirles, no quieren doblar las rodillas ni ante la resignación de la injusticia ni ante el derribo de nuestra esperanza".  Quien esto escribe es Enrique Falcón (Valencia,1968), el coordinador de una selección de poemas y poetas que, de la mano de la poesía social, están devolviendo la inquietud y la responsabilidad social al terreno lírico. Hemos querido hablar con él para que explique, a fondo, los motivos y fines de esta nueva corriente crítica.

1. Las antologías pueden funcionar como selecciones de obra poética y también como reivindicación de una poética determinada. ¿Cuál es el sentido de esta antología? ¿Responde a la necesidad de dar un espacio público pautado a un grupo poético, a una generación?

No, no creo que la gente de Once poetas críticos nos consideremos una generación, ni siquiera un grupo en táctica de posiciones. Si acaso, un maquis de complicidades mutuas, ampliables sin duda alguna a otros muchos compañeros de este lado de acá de la poesía en castellano, y también del otro lado de allá. En concreto, el sentido de esta antología radicaría, entre otras cosas, en visibilizar la pluralidad de voces de un fuerte posicionamiento moral ante la realidad que, desde la escritura poética y desde un amplio abanico de registros formales, se vienen dando cita en nuestro tiempo y que, desde luego, no es nueva ni emergente. El origen del libro parte, de hecho, de una petición concreta que se nos hizo desde El Salvador de recopilar una muestra de once autores replica watches de escrituras resistentes para una serie de recitales que los once habíamos de ofrecer en diversos centros culturales, escuelas y prisiones de varios países centroamericanos. El que una editorial canaria como Baile del Sol apostara por su publicación en España reflejaría no más la necesidad de confirmar también aquí la tensión –la propuesta– de estos once proyectos de escritura.

2. Araceli Iravedra denomina al quehacer poético del grupo de los Once poetas críticos como poesía "resistente". ¿Qué significa ese apelativo exactamente?

La poesía en resistencia sería una poesía desafío, una poesía tentativa (lo dijo Deleuze: no hay lugar para el temor, ni para la esperanza; sólo cabe buscar nuevas armas: incendios propagándose desde los márgenes) y sería, también, una poesía en derrota, necesariamente en derrota, pero –siguiendo a Claudio Rodríguez– nunca en doma.

Quienes mejor han profundizado en esa vocación de resistencia han sido siempre los poetas andaluces del colectivo La Palabra Itinerante. En un libro que acaba de publicarse precisamente como complemento a la antología (Once poéticas críticas: poesía y desorden, ed. Contratiempos, Madrid, 2007), han desarrollado de hecho una sugerente reflexión acerca del método más común entre los poetas en resistencia: incursiones rápidas en territorio hostil para cubrir los objetivos, y luego regresar a terreno seguro. Practican así un conflictivo y violento diálogo con/contra la capacidad devoradora de sentido y verdad que tienen las ideas y los nombres que en nuestro tiempo sustituyen a la experiencia y a la materia, enmascarándolas. Desde este sentido, la poesía en resistencia sería una poesía desafío, una poesía tentativa (lo dijo Deleuze: no hay lugar para el temor, ni para la esperanza; sólo cabe buscar nuevas armas: incendios propagándose desde los márgenes) y sería, también, una poesía en derrota, necesariamente en derrota, pero –siguiendo a Claudio Rodríguez– nunca en doma.

3. Encabezas el prólogo a la antología con una cita de Pierre Bourdieu: "Los escritores y los artistas podrían desempeñar, en la nueva división del trabajo político (…) un papel absolutamente insustituible: otorgar fuerza simbólica, a través del arte, a las ideas y los análisis críticos, y dar una forma sensible a las consecuencias invisibles de las medidas políticas en las filosofías neoliberales". Parece que Bourdieu apela a una función para la poesía, a utilizar el verso como herramienta para algo, como medio. ¿Crees que la poesía es utilitaria?

Sí, la poesía es útil, vinculantemente útil. Pero no en el sentido en que puedan ser útiles otras cosas (y la palabra que utilizas, "utilitarias", cabría mejor aquí) o, incluso, otros discursos lingüísticos. Quede claro entonces que no estamos por esa poesía instrumentalizada (al-servicio-de) que al capitalismo avanzado tanto le gusta. En todo caso, te he de ser sincero para reconocer ahora que en algunas ocasiones yo mismo me había sentido medianamente "peleado" con esa vocación de utilidad de las prácticas literarias. Sin embargo, la experiencia de estos últimos meses de recitales en vivo, cara a cara, a propósito de Once poetas críticos (el libro ya se ha presentado en más de quince ocasiones y acaba de agotar su primera tirada) se ha convertido para muchas personas en una práctica colectiva de celebración y de comunicación junto con otros (gente alejada de la lectura de poesía contemporánea, jóvenes y adolescentes, ciudadanos de barrios y organizados en variadísimos colectivos sociales..., por supuesto también aficionados a la poesía) que cuestiona, en la práctica, la absoluta inutilidad de la palabra poética. Pero no cabe, y creo que en casi ningún caso, desvincular esta experiencia colectiva de la radical utilidad de los intentos transformadores que –fuera ya del ámbito literario– encarnaría la acción social políticamente organizada. Jorge Riechmann lo ha escrito mucho mejor en Once poéticas críticas: poesía y desorden, al señalar que la transformación social orientada por fines emancipatorios se busca a través de una praxis colectiva que exige un nivel apreciable de disciplina militante, y que la poesía –que es indagación sin fin (no glorificación burguesa del yo, no autoexpresión narcisista)– no soporta ese tipo de disciplina.

4. Entonces, ¿cuál sería tu propia definición de poesía? ¿Debe reservarse la poesía por y para la belleza al momento en que los conflictos sociales se hayan apaciguado, al momento en que, parafraseando a Riechmann, se haya alzado un pequeño toldo para salvarnos del ruido, se le hayan limpiado levemente los zapatos a la atención?

La sed, el hambre, de belleza que convoca un poema ha de darse, sobre todo, también en un poema político, en cuyo temblor concurren –además– otras y nuevas hambres, como las de las heridas compartidas de su tiempo.

La belleza es asunto serio para la poesía política, como ocurre con cualquier otro tipo de práctica literaria. La sed, el hambre de belleza que convoca un poema ha de darse, sobre todo, también en un poema político, en cuyo temblor concurren –además– otras y nuevas hambres, como las de las heridas compartidas de su tiempo. Creo por eso que, en cualquier circunstancia, además de lo propiamente ideológico, el llamado estilo presupone siempre un acto de elección moral. Desde este punto de vista, cabría recordar la insistencia de Antonio Méndez Rubio (otro compañero de los Once) en recordarnos que lo primero que aquí está en juego son precisamente las reglas del juego y que los principios de (des)composición significante de una poética creativa y crítica, quizá invisiblemente revolucionaria, optan por el desplazamiento no tanto en el tema, el significado o la referencia, como –más bien– en el espacio previo de la enunciación desde el que el sujeto y el objeto se producen y construyen.

5. Volviendo al prólogo de la antología, afirmas que el punto de partida para esta poética crítica es "aprender a mirar de una forma nueva el espesor de un tiempo herido –el nuestro- con claves diferentes a las dominantes". ¿Cuáles son esas claves dominantes?

Básicamente, estas tres: la bomba, el dinero y el éter (sigamos ahora a Negri y a Hardt). En otras palabras, la naturalización de una fuerte injusticia social (la gente que se organiza en los movimientos sociales de base sabe bien de esos ocho millones de personas que, en España, viven por debajo del umbral de la pobreza); la irracionalidad de un modelo de producción, distribución y consumo en contra del hombre y de los nichos ecológicos del planeta; y la resignación ante un proyecto de tranquilización y narcotización social amparado en las políticas desmovilizadoras del miedo.

6. ¿Crees que en la crítica de poesía actual, entre los críticos que deciden qué libros son buenos y cuáles no merecen comentario, se da también esa macdonalizada pacificación a la que te refieres cuando hablas de la sociedad actual? ¿Estamos faltos de críticos y canales alternativos?

Nunca serán bastantes, pero creo que esos críticos sí existen, así como también esos canales (la red está siendo, no el único, un campo de minas especialmente fructífero para ello). Muchos nos sentimos de verdad interesados por su emergencia. Lo que no es usual es encontrarlos en los canales (tendencialmente, sí, pacificadores y algo superficiales) en los que mucha gente piensa cuando piensa en "los críticos literarios españoles", aunque de vez en cuando se pueden encontrar incluso allí verdaderas joyas críticas. Hasta en un panorama como el latinoamericano (donde las tensiones políticas y los resultados estéticos de las prácticas poéticas son de muchísimo mayor alcance que lo que ocurre con la generalmente mediocre poesía de nuestro país), un panorama sin embargo tradicionalmente tildado de acriticismo, podemos seguir voces como la del también poeta Eduardo Milán, por ponerte un ejemplo de hasta dónde puede llegar en altura una fecundísima reflexión crítica acerca de lo literario.

7. Sería muy enriquecedor poder contar en una reseña con la réplica a ella misma, realizada por parte del autor del libro que se comenta. En Poesía Digital se señalaron el mes pasado dos rasgos conflictivos de la antología que has coordinado. Por un lado, que el cuestionamiento de la sociedad actual no venía acompañada, en muchos de los poemas, del ofrecimiento de alternativas. Y, por otro lado, que parecía perderse de vista en ocasiones que el principal compromiso del poeta es con su propio quehacer poético, antes que con una ideología. ¿Qué te parecen las dos afirmaciones?

Como advirtió Hauser, el criterio de fecundidad de un arte comprometido no estriba en la solución de crisis y conflictos (ni siquiera en el ofrecimiento de alternativas), sino en combatir la ilusión de que –bajo el signo de la catástrofe– todavía se sigue viviendo en un mundo sin peligro alguno.

Con toda honestidad, ambas afirmaciones no dejan de parecerme, además de poco originales (ni te imaginas en cuántas ocasiones suelen escucharse por ahí), sustancialmente carentes de rigor. Tras el aviso de la primera (algo así como "bien: ya sé dónde está la crítica, pero ¿dónde quedan las alternativas?") deberíamos pronto darnos cuenta de que un solo poema no cambiará nunca el mundo (ni siquiera habríamos de exigirle la consignación expresa de “un programa”) y de que la teoría moderna del signo lingüístico –siguiendo el dictado de la razón común– ya dejó bien probado el hecho de que la palabra "vino" jamás nos emborrachará. O, como bien nos advirtiera Alfred Hauser, el criterio de fecundidad de un arte comprometido no estriba en la solución de crisis y conflictos (ni siquiera en el ofrecimiento de alternativas), sino en combatir la ilusión de que –bajo el signo de la catástrofe– todavía se sigue viviendo en un mundo sin peligro alguno.

En cuanto a la segunda afirmación ("el principal compromiso del poeta es con su propio quehacer poético, etc"), te contestaría con este fragmento de un hermoso texto (por cierto, todavía inédito) de Jorge Riechmann, otro compañero de los Once, cuyo último libro de poesía tengo entendido que reseñáis precisamente en este mismo número de la revista:

"(…) El compromiso del escritor estriba en escribir cada vez mejor es una frase del mismo tipo que el compromiso del fabricante de armamento estriba en fabricar armamento cada vez mejor. Sólo resultarían plausibles si tales sujetos y tales actividades pudieran desgajarse por completo de los demás sujetos y actividades, y juzgarse en abstracto, con asepsia técnica. Pero resulta que esos dos productores (escritor y fabricante de armas) viven dentro de una sociedad; son ciudadanos, hijos, quizá padres, habitantes de una ciudad y una época determinada; en cuanto tales, entran objetivamente en relación con los demás seres vivos de este mundo. Lo que hacen o dejan de hacer tiene consecuencias. La principal responsabilidad profesional del escritor es escribir bien, pero la responsabilidad humana no se agota en la profesional. En cuanto ciudadanos, el escritor o la escritora tienen responsabilidades especiales. Quienes pensamos que leer y escribir son también formas de actuar no tenemos el menor problema en reconocer que la literatura puede juzgarse (también) moralmente. Es una dimensión más, que no agota desde luego el ser de la obra en cuestión: pero no creo que debamos ignorarla".

Javier García










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