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David Moreno

“Te aseguro que se vende poesía”

Trabaja en Macdiego, una empresa de publicidad. No tiene ni treinta años y ha creado la editorial Trashumantes. Además tiene un libro de poesía, dos cortometrajes, varias videocreaciones, hace recitales y utiliza con sobresaliente habilidad el megáfono en ferias del libro y performances. David Moreno es un creativo total que ha decidido devolver a la poesía al lugar que le corresponde, al lugar que debe tener porque el ser humano así lo necesita. Recibe a Poesía Digital en el terrado de su casa. Sobre una alfombra marroquí, departimos horas antes de que viaje a Madrid para participar en Una mirada bizca, un festival coordinado por Fabio de la Flor y Gonzalo Escarpa, donde realizará una performance en La Dinamo (Madrid) en torno al concepto de superficialidad.
 

Hay dos nombres propios que sorprenden en vuestras portadas. En primer lugar, el nombre de la editorial: Trashumantes. ¿Por qué Trashumantes? ¿Estáis de paso? ¿Queréis acabar con toda la hierba antes de marchar?

Trashumantes responde a un espíritu que es en realidad propiedad de Mac Diego, mi jefe en la empresa de publicidad donde trabajo. Él sacaba un fanzine al que llamaba  Ganadería Trashumante. El concepto que latía detrás de ese fanzine, y que ví que podíamos trasladar al ámbito de una editorial, es que  las cosas siempre están en constante movimiento y ésa es su razón de ser. Aplicado al arte –a la poesía- significa que la creación no puede ser nómada, no puede anquilosarse: tiene que experimentar. El espíritu de la editorial es buscar libros y géneros que sean retos. Por eso Trashumantes ha empezado por el género poesía, editando libros en formato tradicional, pero pronto pasaremos a editar poesía objetual y después poesía experimental. Este último género lo publicaremos en  una colección llamada Las gafas de ver, donde publicaremos El libro de los poemas invisibles, de Peru Saizprez.

Y el segundo nombre llamativo es el de la colección: Poemas Desechables. Quizá responda a un intento de eliminar del poeta y de la poesía cualquier centímetro de elevación respecto al mundo.

Lo que buscaba con la palabra desechable no era referirme a que hacíamos algo que  no tuviera calidad, sino poner en claro nuestra opinión de que precisamente aquello que tiene calidad debe ser aprovechado. Desechable, en ecología, significa reutilizable. También se utiliza el término reciclable, pero todo proceso de reciclaje implica destrucción, y eso no es lo que ocurre con estos poemas. Desechable es sólo la acción inicial de reciclar: desprenderse de. Nos dirigimos frontalmente al lector y le pedimos una acción: que comparta con el lector los poemas que le alucinan. Que se aliene de su posesión, de su libro, y lo entregue. No hay literatura útil que no sea viva. Si un libro es bueno pero está encerrado sólo le sirve al que se lo ha leído. Nosotros queremos que el lector coja ese poema inolvidable, lo arranque del libro y haga una avión con la hoja. Y que lo lance al aire, para los demás.

Ha de existir la poesía y es necesaria, pero no se puede hacer de ella un uso mercantilista. Creo que actualmente se aboga por la especulación en la empresa literaria, de forma que sea exponencial el crecimiento y se cree riqueza.

Por otro lado, "Poemas Desechables" es un nombre que viene también provocado por la idea de la necesidad de quitar algo de hierro a la creación. Ha de existir la poesía y es necesaria, pero no se puede hacer de ella un uso mercantilista. Creo que actualmente se aboga por la especulación en la empresa literaria, de forma que sea exponencial el crecimiento y se cree riqueza. En la poesía lo maravilloso es mantenerse y poder seguir, sin caer en el mercantilismo. La mujer del César, no sólo tiene que serlo, sino parecerlo. Y la poesía es el César antimercantilista. Esto no significa que no queramos vender y que no utilicemos el marketing, sino que intentemos por todos los medios realizar todas estas tareas con honestidad. Esto significa no sacar títulos y títulos sin evaluar antes si es realmente necesario publicarlo; no vender libros caros; dedicarle el tiempo necesario a cada libro, a cada autor; no aceptar dinero de nadie para editar un libro. En el fondo, se trata de no someternos al chantaje de la industria, que te amenaza con la quiebra si no vendes basura. Editar hoy es una profesión dura que hay que compatibilizar con otros trabajos, pero debemos aguantar sin caer en lo fácil. Que sea el público quien te de la razón y con su apoyo diga que estamos haciendo las cosas bien y que es necesario seguir y ampliar títulos.

En ambos conceptos, y en toda la imagen de la editorial, se deja ver con claridad una relación estrecha con el mundo de la publicidad. ¿En qué consiste esa relación? ¿No crees que todos estos efectos visuales pueden sepultar el verso desnudo, la siempre débil poesía?

La publicidad me ayuda a estar en contacto con una sociedad más general, me ayuda a estar al corriente del mundo en que vivo y me saca del guetto cultural/poético, donde todos conocemos a todos y hasta reconocemos barrios característicos. También me ayuda a estar en contacto con personas ajenas a la literatura. La publicidad es un trabajo que está perfectamente insertado en el sistema capitalista (trabajo en el engranaje, en propaganda) y eso me ayuda a conocerlo a fondo. Y me descubre que se puede vender cualquier cosa si conocemos el modo. Si la publicidad vende cinco insecticidas diferentes que son realmente lo mismo, o agua con olor absolutamente inservible, ¿qué podrá hacer con cosas igual de etéreas como la cultura? Nosotros no necesitamos cinco insecticidas, y la publicidad ha hecho que los necesitemos. Para la poesía podemos utilizar esos mismos procedimientos de publicidad, con la diferencia de que no estaremos vendiendo algo inservible, sino necesario. Habría de reconocerse como derecho universal el derecho a tiempo y formación para disfrutar del arte. Actualmente no existe el tiempo libre y esas horas han pasado a configurarse como tiempo comercial, tiempo para reinvertir en el sistema capitalista. No hay reflexión ni hay profundización en la cultura. Y no podemos olvidar que las civilizaciones son grandes cuando la población tiene acceso a la cultura.

Queremos vender la poesía como un objeto para las masas, para todos los públicos. Quizá no se pueda, pero es un deber intentarlo porque cada vez hay más personas infelices. Hemos de dar la vuelta al paradigma capitalista. Mientras el paradigma comunicativo hablaba de formar, informar y entretener, el capitalista desordena los objetivos y los resitúa en entretener, informar y luego, quizá, formar. Eso es lo que provoca que la poesía caiga en desgracia, porque la poesía forma, la poesía solidariza, indaga, escarba, descubre.

La última vez que te he visto –a través de internet- recitar un poema estabas en la copa de un árbol de El Retiro, con un megáfono y una pancarta. ¿Es que ya no quedan poetas románticos, esos que caminaban meditabundos hasta el borde mismo del acantilado?

Creo que hay muchos tipos de poesía. Yo mismo también me puedo considerar meditabundo y silencioso, pero no quiero quedarme cómodamente ahí. El poeta es realmente gris y todo el tiempo se queja de que nadie le escucha, pero es él mismo, la mayor parte de las veces, quien no escucha. Yo abogo por accionarnos e irrumpir en la vida. Ya lo hacían los surrealistas, Guy Debord y los situacionistas, Jodorowski y el colectivo pánico. Es importante para el poeta pensar que la realidad poética es verdaderamente una realidad, dentro de la cual se puede vivir. Lo dice muy bien Gonzalo Escarpa: “Hablar de hacer es no. Hagamos”. Hay que hacer.

La semana que estuve dando un taller en la cárcel de Picassent se sacaron más libros de poesía de la biblioteca que nunca. La poesía es un germen inherente al ser humano. Sólo hay que despertarlo.

En España hay ya bastante gente que trabaja en este concepto de poeta en acción, como Orihuela o Riechmann. Es cierto que son grupos poéticos muy marcados políticamente. Yo, aunque  coincida con ellos en bastante puntos, prefiero no politizarme. Mi idea va más allá: yo quiero ir al ser humano, directamente. Lo que me gusta no es ser de un partido, esgrimir una proclama, sino dar poesía a alguien y que esa persona pueda llegar emocionada a casa y decir que le ha sucedido algo. Y compartirlo,  porque los demás de la casa también puedan comprenderlo. Si las emociones son universales, las acciones poéticas también deber serlo. Puedes llegar a un recital y comenzar hablando de referentes que no conoce nadie, pero lo que estarás consiguiendo es levantar un muro entre ti y los asistentes, que pensarán además que les estás llamando tontos. No, en poesía hay que empezar por la a. Y la gente entra, y comprende y disfruta. La semana que estuve dando un taller en la cárcel de Picassent se sacaron más libros de poesía de la biblioteca que nunca. La poesía es un germen inherente al ser humano. Sólo hay que despertarlo.

Supongo entonces que el recital tradicional –poeta detrás de una mesa con micrófono que lee algunos fragmentos de su libro recién publicado- ya no cuenta en este nueva visión del hecho poético.

No creo que el recital convencional esté obsoleto. Lo que ocurre es que exige una sensibilidad muy desarrollada. Para mí, estar con los amigos y que reciten está muy bien y funciona, pero los tiempos han cambiado. Después del cine el siguiente sector en inversión mundial actualmente es el sector del videojuego, y en tercer lugar está la publicidad. Los tres son visuales y son los protagonistas. Tenemos que contar con ellos. En Cataluña han sido más adelantados en este tipo de cosas: Josep Pedrals, Eduard Escofet o Enric Casasas, dignos herederos de la escuela de Brossa, han cultivado mucho este tipo de poesía viva. Eduard, por ejemplo, no escribe libros, pero demuestra con creces en cada una de sus acciones que es poeta. Cuando haces un recital diferente te das cuenta de que es más hermoso compartir un espacio donde vive la poesía que asistir a un monólogo en que la mayoría del público no se involucra.

También en Madrid hay mucha gente trabajando en esto: Gonzalo Escarpa, Peru Saiz Prez, Chus Arellano, Pepe Olona y su librería Arrebato (que organiza todos los años Poetas por km2)... En Sevilla hay gente como La palabra itinerante y El cangrejo pistolero. En fin, creo que es un formato que empieza a abundar. Es recital que habla del propio recital (teoriza sobre eso mismo y cómo travestir las energías que antes se sucedían allí) y utiliza los medios audiovisuales. Lo único que pretendemos es echar mano de herramientas que antes no se tenían para popularizar la poesía, algo que puede ayudar a una persona a entenderse a sí misma y a comprender a los demás.

Unos cuantos lectores de Poesía Digital estarán paseando los ojos por esta entrevista con un sonrisa escéptica, comprensiva pero escéptica. Quizá prefieran –es un opción, faltaría más- el poemario de siempre, el de los últimos mil años.

Yo no digo que la gente deba hacerlo así. Lo que digo es que ahora existen los mass media y que hay que tenerlos en cuenta. ¿Por qué no vamos a usarlos? Los contenidos desde tiempos inmemoriales han sido los mismos. Se puede tener más o menos pericia con las letras, pero en realidad está todo hecho. Después del cuadro blanco de Malévich, ¿qué queda por pintar? Los escritores sólo combinan cosas que ya estaban. Todos hacemos cócteles sabrosos, pero sólo son cócteles. Ahora se nos brinda la oportunidad de utilizar nuevos lenguajes, formas de construir discursos, de expresarnos, de jugar con la sintaxis. La poesía debe hacer uso de esos nuevos medios de expresión porque la poesía no es un formato, sino un ente, un abstracto que está en el ser humano. Cómo se exprese es lo de menos.

Cuando la intriga se haga pasión llegará a Homero. Pero si empieza con Homero le parecerá más filosófico su videojuego, aunque estén hablando de lo mismo. Y en consecuencia seguirá sin leer poesía.

Aún así, y en defensa del formato convencional, he de decir que sigo sintiendo profundo placer cuando en medio del desierto, sin Wifi ni móvil ni una onda en el espacio, tengo una hoja y un bolígrafo. Entonces constato que no necesito presupuestos millonarios para hacer poesía. Y eso es maravilloso. Por esto mismo no terminarán jamás los libros. Pero se puede decir esto y al mismo tiempo ser consciente de que hay chicos educados en medios audiovisuales que se aburren infinitamente con la sola tarea de tener que decodificar un texto escrito. Claro que la poesía no debe apoyar ese juego que separa al niño de la reflexión, pero puede utilizar esas herramientas para atraerlos. Esos medios harán ver a los chicos que la poesía es coetánea a ellos, que no viene de Plutón ni es Zeus saliendo del océano. Es algo que está en su barrio, algo de lo que, además, se puede contagiar. Cuando la intriga se haga pasión llegará a Homero. Pero si empieza con Homero le parecerá más filosófico su videojuego, aunque estén hablando de lo mismo. Y en consecuencia, seguirá sin leer poesía.

Para terminar, explícame algo que no termino de entender. Nadie compra libros de poesía y apenas se leen versos, pero tú acabas de crear una editorial y este verano han abierto a menos de trescientos metros de aquí dos librerías, una de ellas dedicada exclusivamente a los libros de poesía. ¿Estamos todos locos o me he perdido algo?

Mira, yo he pasado una tarde tomando un té en la librería La Poème y te juro que se vende poesía. El problema es que en las librerías la poesía la ponen al fondo y el librero está desengañado de la poesía. Cuando alguien entra en una librería encuentra trescientos display y trescientos marcapáginas de novelas burguesas y entretenidas y ahí es donde se gasta el dinero. Pero el librero ha de ser consciente de que hay gente que entra en las librerías buscando respuestas, buscando algo que le confirme que la vida que tiene no es la que desea, porque no se siente vivo, porque nota frialdad dentro. La poesía es el vehículo para descubrir eso, pero el librero, en vez de recomendar poesía (que te va a hablar de libertad y del ser humano) te pone delante libros de autoayuda de Bucay. En La Poème la gente sólo encuentra poesía y se sorprende sobre todo porque lo que ve no lo ha visto nunca. El librero ha de ser cómplice. Ricardo, en La Poème, se te acerca, te sugiere, te explica. Se deja la piel por cada cliente, por cada persona que viene buscando respuestas.

El capitalismo ha roto la cadera al negocio literario. No han sabido adaptarse, y es el momento de que despierten y asuman que han de involucrarse si quieren seguir vivos. Si quieres tener clientes tienes que formarlos, tienes que decirles que existen libros que no conocen de nada y que les van a cambiar.

No se venden libros de poesía porque se está errando en la selección del canal de venta. Un canal fallido es la Fnac, por ejemplo. Allí la gente va a comprar rápido y el contexto es perfecto para eso. El lector de poesía, sin embargo, es un comprador lento, que necesita tiempo para hojear, para probar, para rebuscar. Es cierto que a La Poème van muchos poetas, pero el ochenta por ciento de los que compran simplemente pasaban por ahí. Compraron porque un librero asumió su responsabilidad y vendió el libro. En los años 30 quizá sirviera eso de que los libros se venden solos.  Pero ahora no, ahora nada se vende solo. Si no, que se lo pregunten a Planeta y a los millones que invierte en publicidad. El capitalismo ha roto la cadera al negocio literario. No han sabido adaptarse, y es el momento de que despierten y asuman que han de involucrarse si quieren seguir vivos. Si quieres tener clientes tienes que formarlos, tienes que decirles que existen libros que no conocen de nada y que les van a cambiar.

Javier García










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