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Elena Medel y Andrés Navarro

"Publicamos para que nos lean"

Elena Medel y Andrés Navarro son los dos poetas becados este curso en la Residencia de estudiantes, en Madrid. La institución, que acogió a Lorca, a Dalí, a Buñuel, a Diego y a tantos otros, sigue con su plan de promoción de la creatividad. Elena Medel, que acaba de publicar Tara, tiene como proyecto un libro de cuentos, una novela y el principio ("los cimientos") de un nuevo libro de poesía. Andrés Navarro quiere cerrar su segundo poemario aquí y escribir una novela, aunque probablemente aproveche para desarrollar además un proyecto de traducción. Nos reciben en la Residencia, como no podía ser de otra forma. Un lugar tranquilo, perfecto para la charla.

¿Cómo es el día a día de un becario de la Residencia?

Elena Medel (E.M.): Cada uno tiene su método de trabajo. Yo estoy casi siempre aquí. A veces me tomo libre alguna tarde, pero no es lo habitual. Mi trabajo sobre la novela consiste ahora en una labor bibliográfica, así que lo que tengo que hacer es leer. Suelo madrugar y paso todas las mañanas haciendo trabajos menos creativos, como artículos o reseñas. Ya por la tarde, sobre todo después de cenar, es cuando aprovecho para escribir cuentos, algún poema, la novela...

Andrés Navarro (A.N.): Yo no soy muy disciplinado. No tengo realmente un horario, aunque sí procuro sacarle al día bastantes horas para leer. Una de las cosas buenas que tiene Madrid es que hay mil exposiciones que ver, lecturas, presentaciones de libros, etc. así que intento combinar, sobre todo ahora que acabo de llegar, todo eso con el trabajo. Si estoy concentrado paso mucho tiempo en la Residencia. Si es poesía el trabajo suele ser nocturno, y si es prosa diurno.

Habéis hablado del ingente número de productos culturales que se ofrece en Madrid. Tanta oferta, ¿no produce más dispersión que difusión cultural?

A. N.: Eso depende del criterio de cada cuál. Evidentemente no puedes ir a todo, porque además no sólo te interesa lo relacionado con la literatura, sino con el resto de las artes. Ocurre que hay muchas cosas que te interesan mucho, así que dentro de ésas tú tienes que optar por las que tengan más calidad.

E.M.: Yo vengo de una ciudad pequeña, donde la oferta cultural -aunque no lo parezca- es muy escasa y bastante pobre. En ese sentido, estoy descubriendo mucho. Salgo a veces después de trabajar, y más que a presentaciones, lecturas o conferencias, voy al cine, al teatro, a conciertos... Pero a mí no me apabulla. Al contrario, creo que es fantástico que la oferta sea tan amplia y tan diversa.

El hecho de que tengáis todo un día para trabajar, ¿fuerza de alguna forma vuestra creatividad? ¿Escribís bajo la presión de producir algo?

E. M.: No siento esa presión, quizá porque no me impongo desde que comienzo a trabajar escribir algo. Yo no me siento y me pongo a escribir: empiezo a estudiar o a leer. Y si de repente sale algo, la idea para un poema o para un cuento, lo escribo. Pero no me quedo esperando a que venga la Musa. Si me viene, perfecto, pero si no hago cualquier otra cosa. Asunto diferente es que cuando estoy escribiendo un cuento siento la necesidad de continuarlo, pero no por presión sino porque no me apetece dejarlo, porque sé que olvidarme de él dos o tres días supone abandonarlo para casi siempre en un cajón. Pero si no escribo nada nuevo al final de un día no es una catástrofe, ni me defraudo a mí misma.

A. N.: Sobre todo si nos referimos a la poesía, y por supuesto hablo de mi caso, cualquier tipo de prisa o presión creativa siempre va en contra del resultado. Como eso lo tengo claro, lo que pienso cuando despierto no es que tengo seis horas para escribir, sino que tengo esas horas para leer con tranquilidad. Para mí es muy importante, porque ha llegado un momento en que considero casi la misma actividad leer que escribir. Este tiempo por delante supone la gran diferencia entre estar aquí o en Valencia. El tiempo además tiene aquí una calidad distinta, porque no hay que alternarlo con otras obligaciones. Trato de aprovechar para tapar algunas lagunas de lecturas. Yo no he estudiado filología y, aunque no supone ningún tipo de trauma ni complejo, sé que me quedan muchos buenos autores por leer. También estoy aprovechando para releer algunos libros. 

Uno de los eventos culturales organizados por la institución es la estancia de un creador en la residencia durante unos días, en los cuales imparte talleres y conferencias a los becarios. Hace unos días estuvo aquí el poeta colombiano Darío Jaramillo. ¿Cuál es la actitud que creéis que tiene el invitado cuando viene a daros un taller, y cuál es vuestra actitud, como creadores?

E. M.: Desgraciadamente del taller no puedo hablar mucho porque estuve enferma y acudí sólo a las primeras sesiones. De todas formas, a mí me encanta que vengan. Creo que mi forma de escribir está todavía en pañales y tengo mucho que aprender. En el caso de Darío Jaramillo,  me resultó valioso sobre todo su testimonio. Al principio nos contó sobre cómo se enfrentaba al poema, cuál había sido su experiencia. El proceso creativo de los poetas, sobre todo en casos como el de Darío, un autor con una poética más que firme, me interesa muchísimo. En general todos los que han pasado por aquí como maestros o que han impartido un taller tienen una actitud muy abierta y muy cercana.

A. N.: A mí de Darío Jaramillo me sorprendió la actitud. Quizá el poeta más importante de Colombia y un autor imprescindible dentro del contexto latinoamericano, que acude aquí como uno más... Creo que esa humildad es una de las virtudes que pueden permitirse los poetas. Puedes tratarse de un poeta que para ti es fundamental, al que has leído durante años... y, sin embargo, su vecino no tiene ni idea de que escribe ni de a qué se dedica. Eso llama la atención. Si viniera Chayanne, probablemente habría que cercar la residencia para frenar al ejército de adolescentes enloquecidas. Y viene Darío Jaramillo y es un señor que se sienta a comer contigo y te pregunta qué tal son esas berenjenas a la salsa romescu...

Aunque vuestras fechas de nacimiento se distancian en diez años, quizá se pueda decir que estáis en una misma generación poética...

E. M.: La fecha de nacimiento no me parece definitiva para separar unos autores de otros. Yo creo que si se pudiera medir de alguna manera, tendría que ser por fecha de publicación, en todo caso. Pero con respecto a Andrés es curioso, porque creo que tenemos una poesía muy diferente aun con lecturas muy parecidas. Coincidimos mucho en autores que nos gustan. Quizá la diferencia en la ejecución se deba a que hay unos pocos poetas que yo leo y Andrés no y al revés.

A. N.: La diferencia entre nuestros poemas también es una cuestión, me parece, de carácter. Ante un libro que a los dos nos entusiasma en su conjunto, quizá subrayaríamos aspectos diferentes. Respecto a la generación o grupo, creo que se está dando un fenómeno similar. Hay una serie de poetas que están publicando ahora y aunque el resultado de unos y otros no tenga demasiado en común sí hay una sintonía en cuanto a intereses y sobre todo en cuanto a lecturas. Y además, ha ocurrido de forma natural, sin necesidad de etiquetas.

La interpretación del poema

Andrés, en tu reseña sobre Tara (DVD, Barcelona, 2006), dices en un momento dado que propones una interpretación del libro. Cuando escribís, ¿queréis que se os interprete en el sentido en que habéis escrito? Elena, en Tara, supongo que sí te importará especialmente dado que tratas un asunto profundo, en el que te implicas mucho.

E. M.: En realidad, no me importa que haya otras interpretaciones, no me disgusta que la gente se aleje del sentido que yo pude darle. Me parece interesante que los lectores interpreten el libro de manera diferente, porque eso significa que está vivo.  Creo que Tara es un libro que puede tener varias lecturas y que no es lineal. Hay una reflexión sobre la muerte, claro, pero también sobre lo femenino, lo común que es también lo individual... El lector puede cada vez escoger el camino que desee. Ahí reside, para mí, el valor de la poesía: en la capacidad de bifurcar su mensaje.
Aludiendo a Tara, es un libro con poemas complicados. La “Relectura del libro del Apocalipsis”, por ejemplo. La oscuridad, las metáforas cerradas... Hay algunos más claros como "Funeral", pero "Tritanopía", otro ejemplo, no me parece en absoluto un poema sencillo. Mi proceso más bien va por el camino de la ocultación, aunque de vez en cuando se vislumbre algo de claridad. Pero intento ir por el camino de la abstracción, que es el que más me interesa.

A. N.: Creo que el grado de apertura de un poema no implica en si mismo una virtud o un defecto. La literalidad o la abstracción no afectan a la calidad, quizá tiene más que ver con el tema que se está tratando y con el lugar en que el poeta haya puesto el foco o la cámara. Hay determinados temas que conllevan de forma inherente un grado de abstracción que el poeta puede querer preservar, y hay otros que necesitan una literalidad mayor. Depende de cuánto se acerque el resultado a la intención: es ahí donde radica la honestidad o la eficacia de un poema. En mi caso, cuando escribo, no pienso mucho en si se entenderá o no. Al menos no es un punto de partida.
Sobre la apertura de interpretación de un texto te puedo poner muchos ejemplos. Piensa en 13 maneras de mirar un mirlo, de Wallace Stevens. Puedes leerlo de mil maneras y nunca vas a cerrar su sentido. Y esa es su virtud, me parece. Ada Salas dice que los poemas que más le interesan de su propia obra son justamente aquellos que a día de hoy todavía no entiende completamente. Son maneras de verlo.

Literaturas inéditas

Me ha ocurrido con el libro de Yolanda Castaño, Libro da Egoísta (Visor, 2006). Está claro que tengo que leerlo varias veces más, pero en una primera lectura de lector apresurado, no encuentro los sentidos y al no encontrarle los caminos la lectura me resulta fallida. Parece que la autora quiere mostrarnos sólo el obstáculo, y no la senda que sigue detrás.

A. N.: El libro de Yolanda es uno de los muchos casos en los que la ocultación está justificada. Como he dicho antes, la clave está en la intención que tenga el autor. Lo que el poema sugiere depende de lo que haya detrás de las palabras y de las mismas palabras. No creo que su intención sea la de ocultar. Al leer el Libro da Egoista tuve la sensación de que la intención se acercaba mucho al resultado. No hay -sobre todo leyendo los libros anteriores de Yolanda- un artificio, más bien ha llegado ahí después de todo un proceso creativo. A veces es necesario salirse de lo racional para acercarse de verdad a lo que quiere decirse. Es uno de esos libros cuya lectura no se acaba nunca, lleno de aciertos, pero es cierto que debe leerse despacio.

E. M.: A mí me parece un libro fantástico. La verdad es que no puedo ser objetiva, porque la conozco muy bien, pero creo que explora caminos muy diferentes a los que se están transitando ahora. La poesía gallega reciente me parece mucho más interesante que la escrita en castellano. Me siento mucho más cercana a ellas. Las tengo muy leídas y me parecen fascinantes, porque exploran caminos formales y temáticos muy diferentes a los acostumbrados. Por ejemplo, el libro de Yolanda explora poesía canónica, de verso, pero también prosa, diario, una carta, algo de teatro... Y temáticamente es un filón, abriendo caminos imprescindibles para quienes escribimos desde la conciencia de nuestra condición de mujer, que es lo que las gallegas llevan haciendo desde hace más de diez años. Desde luego es una apuesta firme y arriesgada. Por otro lado, me alegra la publicación de Yolanda, como la de Kirmen Uribe o Sebastià Alzamora, porque se están incorporando a la lista de libros en castellano a poetas traducidos del euskera, del catalán y del gallego que tienen mucho que decir. Me parece hermosísima esta intención de apertura.

A. N.: Se están recuperando poetas olvidados en catalán y gallego, poetas importantes que no están traducidos. Aún hay mucho trabajo que hacer, y no hablamos ya de autores como Yolanda, que es muy joven, sino de autores que han vivido el siglo, con una obra extensa, elaborada a lo largo de muchos años y que permanecen inexplicablemente inéditos en castellano.

E. M.: Autores fundamentales como Castelao, o Xohana Torres. O María Xose Queizán, que es una autora que a principios de los 70 publicaba en la misma línea que los franceses más experimentales. O Lois Pereiro, el poeta maldito gallego por excelencia, del que sólo hay algo suyo en una antología publicada en los ochenta. Es una pena que el lector en castellano no tenga acceso a esos libros.


En España la Residencia de Estudiantes tiene una historia que no tienen otras instituciones con becas para la creación. ¿Supone algún tipo de responsabilidad social para vosotros haber sido becados aquí?

A. N.: Yo creo que la responsabilidad no es con la Residencia, se trata más bien de una responsabilidad biográfica. Se te da la posibilidad de disponer de un plazo largo para dedicarlo íntegramente a la creación, unas circunstancias que muy probablemente no se vuelvan a dar. Tampoco me siento responsable frente a otros poetas. Respecto a la Residencia lo que siento se parece más a la gratitud.

E. M.: Somos conscientes de que es la última vez que vamos a tener esta posibilidad y de que hay que exprimirla al máximo para leer y escribir. Pero no creo que haya más responsabilidad que ésa. Como mucho con quien te ha concedido la beca.

Elena, estás terminando la promoción de Tara. En cada libro parece que crece el número de estrategias para venderlo, también en poesía, convirtiendo la promoción del libro es otra estrategia de marketing. ¿Queréis ser leídos o escribís para vosotros mismos?

E. M.: Si uno escribe para sí no publica. Si publicas quieres que te lean, y cuántos más mejor. Pero relacionar poesía y marketing me parece excesivo, porque nunca va a tener ese peso económico que llama la atención del mercado. En poesía, que te lean mil es un triunfo, mientras que si eres novelista y te leen mil es un fracaso. Partiendo de ahí, poesía y comercio son antónimos. En realidad, de Tara sólo hemos hecho tres o cuatro presentaciones: en la ciudad de donde soy, en la que estoy y en otras dos con las que tengo mucha vinculación. Para mí son como actos de celebración, de salida de un libro, como un bautizo.

A. N.: Claro que escribo para que me lean. Si aparece una reseña en un diario de mi libro me parecerá bien, y si me piden que lea en algún sitio -una biblioteca, como esta tarde, o una Fundación o una librería- para dar a conocer a alguien lo que he escrito, en principio lo haré encantado. Escribo, creo, para comunicar. Al leer en público más que a un posible comprador lo que se busca y con suerte se encuentra es un interlocutor.

 

Javier García Clavel










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