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Miguel Morata Fortea

“La nueva ley del libro es más de lo mismo”

Miguel Morata lleva diez años en la librería Primado, en Valencia. Mantiene esta librería generalista que, aunque intentó en un principio dar igual espacio a libros de temática social y novelas, el ritmo impuesto por la crisis de ventas y las ganas de mantenerse al pie de la librería le han obligado a dar más espacio al maremagnum de best-sellers. Ahora mira al futuro con realismo y lo ve oscuro. Conociéndole, uno descubre que jamás un horizonte aciago paralizó menos a su viajante. De hecho, ni siquiera la nueva ley del libro –otro intento fallido- le resta un ápice de energía. Tranquilo y afable, hasta donde se pueda.

¿Cuál es la motivación que puede llevar a un padre de familia –con un buen número de serias responsabilidades- a trabajar en una librería?

Ser librero nace de una vocación clara, que todos los que estamos en esta profesión tenemos. Decidí entrar en Primado, hace diez años, porque vivía en relación con el mundo de la cultura y quería seguir rodeado de libros.  Era, claro, un movimiento en el aire que ahora ya no podría hacer. A pesar de que sabía que la dinámica era cerrar librerías, quería trabajar en esto, vivir de lo que me gustaba. Además, en estos casos uno siempre piensa que a él no le va a pasar, que él sí podrá. Me ha supuesto renunciar a determinados “privilegios” del estado de bienestar y adaptarme a mi nivel de ingresos -por ejemplo no puedo cambiar de coche, cada cinco años- pero ha valido la pena. Ahora bien, a mis hijos les digo que ni por vocación se puede seguir aquí, que ni se les ocurra meterse en el negocio.

¿Qué supone la nueva ley del libro para los pequeños libreros?

Antes de nada, quiero dejar claro que ésta es mi opinión personal, no la opinión del Gremio de Libreros, al que pertenezco. Para mí, la nueva ley es más de lo mismo. En cuanto a los libros de texto, entre descuento y precio libre no hay grandes diferencias: se reduce casi a una cuestión semántica. Va a seguir estando en desventaja el pequeño comercio porque no tiene capacidad para ofrecer descuentos importantes, porque recibe siempre una financiación más corta y porque las distribuidoras le asfixian imponiendo toda clase de limitaciones en la devolución (lo que obviamente no hacen con las grandes superficies) . Reconozco que mantener el precio fijo en los libros que no son de texto es positivo, porque garantiza que las pequeñas librerías podamos continuar. Liberalizar el precio de esos libros habría supuesto, automáticamente, echar el cierre para decenas de librerías.

Entonces, ¿qué tendría que recoger el articulado de una ley para que defendiera a los libreros?

En el fondo, más que el contenido de una ley, lo necesario son políticas orientadas a la defensa del libro y las librerías, con una voluntad clara por parte de las instituciones públicas y privadas de mejorar las condiciones (hacerlas soportables) de los pequeños libreros.

¿Por qué funciona la venta en los grandes centros comerciales y no en una librería? ¿Qué tendría que tener el pequeño comercio para no hundirse ante las grandes superficies?

Bueno, tengo mis dudas acerca de que en el mundo de la venta del libro haya algo que funcione bien. De hecho, el principal centro comercial de este país ha reducido recientemente un cincuenta por ciento su espacio de librería en esta ciudad, y hasta están cerrando librerías ubicadas en centros comerciales. Respecto a qué debemos hacer, la experiencia me demuestra que la solución no depende solo de la actitud del librero. Nada se puede hacer contra la tendencia de mercado, donde se impone lo audiovisual. De todas formas, seguimos buscando. Por ejemplo, diez libreros de Valencia estamos probando con nuevas formas de colaboración y especialización, editando una publicación con lecturas recomendadas y desarrollando actividades que conviertan las librerías en espacios de cultura.

¿Qué ha cambiado en diez años en cuanto a los hábitos de lectura?

"Se ha vulgarizado la propia literatura: se escriben los libros no desde las manos de un autor, sino desde los despachos de marketing"

Cada vez los jóvenes, nuevos lectores, tienen más dificultades para ser realmente lectores. En el colegio no se estimula, en casa el libro se sustituye por la televisión y en su entorno priman más otras historias. El ocio se ha transformado, potenciándose la brutalidad y no la imaginación. De pequeños leíamos a Enid Blyton, las historias de Guillermo de Richmal Crompton, Verne, y también comics, claro. Pero ahora sólo importa y se piensa sobre el libro como articulo de consumo. Es verdad que existen algunos fenómenos de lectura masiva, como los libros de Rowling, pero para mí son un espejismo: muchos de los lectores se acercan a Harry Potter, lo leen, y dejan de leer. Pero es que además, la situación de la lectura está enferma porque la propia industria no ayuda. Desde el punto de vista de la narrativa al menos, el nivel literario de los libros en venta ha bajado muchísimo. Con la excusa de llegar a todos se ha vulgarizado la propia literatura: se escriben los libros no desde las manos de un autor, sino desde los despachos de los equipos de marketing. Lo que ellos elaboran pensando en rentabilidad es lo que se ofrece como literatura.

Distribuidores, editores, lectores, libreros. ¿Quién lleva la peor parte cuando no se lee?

Cuando se reduce la tarta de la venta, la crisis llega a todos por igual. Más que una división habría que hacer una distinción, entre los poderosos y los modestos. A los que están en el filo de la navaja son a los que una situación de crisis lleva a la ruina. Obviamente los grandes grupos no se ven abocados al desastre en la misma medida. Una gran editorial compra el papel a dos céntimos y la edición le supone un coste mínimo, mucho más bajo (un 90 por cierto más bajo, en concreto) que a una pequeña editorial. Y lo mismo sucede con los precios por impresión. En cuanto a la distribución, un distribuidor grande puede tener una estructura suficiente como para mantenerse aunque no se venda mucho de lo que distribuye. Y por último, los puntos de venta. Mientras las grandes superficies soportan sin demasiados problemas la situación porque han conseguido ventajas en otras ventas, es el librero el que no consigue cubrir los gastos fijos (el alquiler, la luz…) con los ingresos, porque no hay ventas del único género que tiene a su cargo, el libro.

"No sé por qué extraña razón, en este sector no se opera según la ley de la oferta y la demanda"

Lo más extraño de todo es que a pesar de la crisis, las grandes editoriales no paran de publicar y se crea un bucle donde la peor parte se la lleva, una vez más el librero. Por no sé qué extraña razón, en este sector no se opera según la ley de la oferta y la demanda. Las editoriales editan compulsivamente cada vez más títulos con el único afán de hacerse presentes en las estanterías de la librería, aun sabiendo que la inmensa mayoría de lo que publican no se venderá nunca. Las distribuidoras, presionadas por las editoriales, sirven indiscriminadamente a los libreros títulos que nosotros no hemos pedido y que tienen una salida imposible. Y todo eso va al librero, que día a día sufre la asfixia, económica y material, de todo el entramado.

¿Se vende poesía en una librería generalista? ¿Qué espacio dedicas a la poesía? ¿Existen herramientas para devolver al libro de poesía a un lugar más equilibrado respecto a la novela o el libro de autoayuda?

Se vende muy poca poesía. Si la narrativa ya tiene lectores contados, es fácil predecir que resultados tiene la poesía. Se habla de que hay en toda España dos mil compradores habituales de poesía. He hecho cuentas y en mi librería dedico un uno por ciento de espacio, y por supuesto no en un lugar privilegiado. Es un sector sin demanda. Habitualmente, nadie viene preguntando por novedades de poesía. Cuando hay algún autor que ocupa más espacio de lo habitual en los medios sí preguntan –totalmente a ciegas- por sus libros. Pero son cosa extraordinaria, nada más.

En cuanto a las herramientas, las presentaciones de libros siempre se han considerado una herramienta útil, pero yo tengo mis dudas. Asisten los interesados –que incluso compran el libro- y es cierto que es un momento en que la librería se ha convertido en un foco de actualidad poética, pero no aportan una continuidad en la atención al autor o al género. Otro procedimiento para la difusión de la poesía que hemos intentado es el trato con alguna editorial especializada en el género para mantener en nuestro fondo su catálogo y difundirlo con una buena presencia y descuentos. Aún no ha habido resultados pero seguiremos buscando.










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