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Mirada y pensamiento

Antonio Cabrera, Piedras al agua, Tusqutes, Barcelona, 112 pp., 2010

Detenerse y mirar, sin afán contemplativo, sin pretensiones gnoseológicas ni indagatorias, sin buscar ninguna respuesta ni aún llenar el tiempo con una pregunta cuya respuesta –ya se sabe– no existe…  Detenerse y mirar para sentir lo que hay al lado, lo que está cerca y no quiere decirnos nada (Para el pinar / ni tú ni yo contamos), y dejar que pase nuestro pensamiento por ahí, en la superficie de las cosas: Ahora que todo es superficie, / que nada hierve ni se agita, / que en el estanque se dibujan / las cosas acabadas, solas…. Eso es lo que propone Piedras al agua, el último libro de Antonio Cabrera, publicado por Tusquets en la colección "Nuevos textos sagrados".

Dividido en tres partes numeradas, sin título, que mantienen entre sí una excelente unidad formal, rigurosa, cuidada y despojada de maneras, el poemario se presenta como una invitación radical y sensitiva a la conciencia atenta del devenir, un devenir "sin perfiles", incapaz de una verdad mayor que la de nuestra fugitiva presencia ante la fugacidad de lo que está ahí, junto a nosotros: Canta el alrededor, llena tus bronquios/ con ese gas de ser que flota al lado.

Lo que me ha parecido más interesante del discurso lírico de Piedras al agua es su intensa carga visual. Cada poema se va desplegando hábilmente como una imagen viva, muy expresiva, desbordante de matices que, descritos o sugeridos, dibujan en la mente del lector un lugar, un paisaje, una escena o un ambiente que verdaderamente se viven y se recrean a sí mismos en cada verso.

Ese intimismo sobrio, nada dramático, sensual y refinado, que es característico en la poesía de Antonio Cabrera, queda amablemente confirmado en esta nueva obra. No me atrevería a hablar de "poesía meditativa", aunque el tono clásico del discurso, del que deja constancia la cita de Heráclito que introduce el libro, podría llevarnos rápidamente hasta ahí. En cambio, sí que podríamos hablar de una "poesía del pensamiento". Este matiz no es baladí, porque la meditación es una práctica contemplativa inspirada en una búsqueda de lo absoluto y está cargada de ser, pero el pensamiento, exento de ese compromiso, se despliega mejor como un paseo que se recrea en la fugacidad del mundo, lo que queda patente en muchos poemas que nos trasladan a esas salidas al campo, en soledad, que los menos urbanitas, frecuentemente, nos permitimos de vez en cuando.

Ese paseo esencialmente cognitivo transita por una red de reflexiones, sensaciones y recuerdos que se proyectan en el paisaje o la escena familiar dentro de un ambiente fílmico, cuya cámara subjetiva pone el zoom interpretativo, vislumbrador y estético en los claroscuros de esas cosas que nos da la experiencia, sin ninguna verdad secreta que adivinar en ellas ("Si has de elegir", me dije, "no escojas el enigma, / no te quedes rodeado de equívocos nocturnos…"), ni siquiera aun en las escenas más típicamente asociadas a los valores eternos: la luz, el árbol, el mar, la noche, etc., que aparecen salpicados en diversos momentos del poemario. A mi parecer, la actitud filosófica de Cabrera en Piedras al agua adquiere especial sentido en este aire de paseo que hemos señalado, muy "a lo presocrático", y que encuentra algún eco en esa «sociedad de hombres que sacaría al Hombre de en medio, porque habrían entendido que existen sólo como “vecinos del Ser”», en palabras de Peter Sloterdijk (véase "Normas para el parque humano", en Die Zeit, 10-IX- 1999).

La apuesta sustantiva de esta poética es la actitud conciliadora, nunca dramática, siempre cercana, del ser humano con su inmediatez, simple, aunque abrupta y accidental por el carácter variable y fugaz de la existencia, que mantiene siempre viva una contradicción en nuestra conciencia: Yo soy un sí y un no, / como el agua en la noche. Los escenarios que alcanzan mayor protagonismo en la obra son algunos paisajes de naturaleza rural en poemas como "Cosas que pensé en un barranco de Espadán", "Encuentro con caballos al anochecer", "Anotaciones en un cuaderno de campo" o "Vivac"; otros son ámbitos del afecto familiar, en los que hace más énfasis en la segunda parte de la obra ("Notas largas", "Luz de flexo" o "Poema de cumpleaños"). Y algunos lugares literaturizados por un acento culturalista que se deja ver oportunamente en algunos poemas, como "Visita a la casa natal de Georg Trakl" o "Caminata con breve soliloquio para Hamish Fulson".

Piedras al agua es una obra depurada, plácida, bien resuelta, rica en muchos matices, propicia al lector y muy cohesionada tanto en su forma como en los temas tratados. Una poesía muy inteligente. Es una obra franca, sólida, y una apuesta por la excelencia menor, que nos vuelve a dar, para disfrute de cualquier amante de la poesía, al mejor Antonio Cabrera: el de todos sus libros.

Raúl Alonso








    Comentarios

    1

  1.  

    Rafael Antúnez Arce 02-01-2011 |

    Excelente comentario crítico del libro. Invita a leerlo y releerlo de nuevo, pues creo que contiene a la perfección los presupuestos poéticos de Antonio Cabrera. Feliz año a todos los lectores de poesía, y a todos los que hacen posible poesía digital. Estáis haciendo un trabajo excelente!

  2.  

    Raúl Alonso 03-01-2011 |

    Rafael, gracias por tu amable comentario. En esta reseña tan sólo pretendo señalar algunos rasgos que considero interesantes de la última obra de Cabrera, pero no creo que estas líneas sean capaces de agotar, y mucho menos "a la perfección", todo lo que ofrece el libro. Un saludo.

  3. 1
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