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Mis pasos son visiones

Mahmud Darwix, Como la flor del almendro o allende, Pre-Textos, Valencia, 281 pp., 2009

En noviembre de 2009, Luz Gómez, Fermín Muguruza y Manuel Ramírez presentaron en Valencia Como la flor del almendro o allende, último libro editado en España de Mahmud Darwix (Birwa, Palestina, 1941-Houston, EEUU, 2008), y el documental Checkpoint Rock. La película, dirigida por el músico Fermín Muguruza, repasa la trayectoria de numerosos músicos palestinos, de todas las generaciones y tendencias, que han tomado los textos de Darwix como base para sus composiciones. Resulta conmovedor leer los poemas más conocidos del poeta en los subtítulos, mientras los músicos los interpretan a ritmo de jazz o de hip hop. La cinta arranca con el funeral del poeta, fallecido en julio de 2008: Palestina entera comparte duelo y las exequias adquieren carácter de estado. Los admiradores anónimos concurren por millares. Los homenajes póstumos se multiplican por todo el mundo árabe. Desde la concepción occidental de la literatura, resulta difícil entender semejante muestra de afecto a un poeta. Luz Gómez, en el prólogo a Poesía escogida, 1966-2005 (Pre-Textos, 2008) da alguna pista: en árabe "casa" y "verso" comparten la misma palabra, bait.

¿Quién —si me expreso en lo que no es
poesía— me entenderá? ¿Quién me hablará
de una oculta nostalgia por un tiempo perdido si
me expreso en lo que no es poesía? ¿Y quién —si
me expreso en lo que no es poesía— conocerá
la tierra del forastero?


A diferencia de lo que ocurre en Occidente (en España), donde la poesía sobrevive gracias a un núcleo de lectores más o menos fieles y a cierta noción de prestigio trasnochada pero capaz de construir un entramado de subvenciones, Darwix concibe la poesía como un género total. Total y directo. Siendo un autor capital en la cultura árabe del la segunda mitad del siglo XX, la poesía del palestino trasciende géneros y categorías culturales e incide directamente en el día a día. Y de ahí al mito (el código genético del imaginario colectivo) para bajar de nuevo a un mundo de jengibre y latón y noticias y ojeras.
 
—Mentiré como el adolescente: Esta leche en mis pantalones
es nata de un sueño
que ha venido a por mí... y lo ha conseguido.
Negaré que yo imite la larga siesta de un poeta
yahilí entre ojos de antílopes.


Esa concepción que dialoga simultáneamente con la lengua y con el hablante explica que sus poemas hayan calado tanto entre lectores de todos los estamentos culturales y sociales. Darwix encarna una virtud reservada a unos pocos elegidos: conoce el secreto que permite hablar a cada lector en su propia jerga. 

En cuanto a la primavera, es lo que escriben los poetas ebrios
cuando atrapan al tiempo raudo
con el anzuelo de las palabras...
y regresan sanos y salvos a su sobriedad.


Los títulos de los sucesivos capítulos de Como la flor del almendro o allende dan una buena síntesis de la poética del autor: tú, él, yo, ella, exilio, exilio, exilio, exilio. Exilio, sí, pero un exilio que tiende puentes entre identidad individual y colectiva amparándose no en la denuncia, ni en la autocompasión, ni siquiera en la lengua árabe, sino en la palabra misma:

Con las palabras he atajado
hacia el nombre... Los poetas no se alegran a menudo, aunque
                se alegraran
nadie les creería...
He dicho: Aún estoy vivo porque veo que las palabras
me revolotean en la cabeza


Al aura mítica que siempre acompaña a la poesía de Mahmud Darwix, se añade la tan reciente como inesperada muerte del autor a los 67 años. Ese hecho confiere un doble fondo de sentido a la lectura, porque lo cierto es que en la obra del palestino las alusiones a la muerte son una constante. Se trata de una concepción despojada del dramatismo occidental, cotidiana, respetuosa y desmitificadora al mismo tiempo. Para Darwix, la muerte es a menudo una solapa de la identidad: Mi especificidad / no me distingue, no tiene nombre, / es lo que en la muerte no es sueño, sólo eso. O bien se percibe en amable coexistencia con la vida: (En un otoño como éste, los que íbamos de boda / nos cruzamos con un funeral, y el vivo festejó / al muerto y el muerto al vivo). En algún momento puede leerse casi como una premonición: Hoy, en el exilio... sí, en casa, / a los sesenta de una vida veloz, te encienden velas. // Alégrate, tampoco mucho, / porque una muerte estúpida está atrapada en pleno atasco / de camino hacia ti... y te ha dado una prórroga.

De nuevo hay que agradecer a Luz Gómez, autora de la traducción, el cuidado puesto en las versiones castellanas. Prueba de ese cuidado es también el magnífico blog que dedica al poeta palestino: http://mahmuddarwix.blogspot.com. En él encontramos desde la aparición del disco The Astounding Eyes of Rita del tunecino Anouar Brahem, hasta traducciones de Mahmud Darwix inéditas en libro. 

Como la flor del almendro o allende seduce por su arriesgada apuesta formal, reflejo de una voluntad capaz de saltarse protocolos ideológicos y llegar al núcleo de las grandes preguntas. Incluso desde el ateísmo más conservador, resulta difícil esquivar una lectura mesiánica: las imágenes parecen visiones, los recuerdos profecías. A la opresión extranjera y las matanzas, al exilio y a su propia enfermedad, Darwix opone una sintética revisión del Carpe diem en clave amorosa:

Quien no ame ahora,
esta mañana,
¡nunca amará!



                                    Andrés Navarro















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