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Polvo enamorado

Rafael Espejo, Nos han dejado solos, Pre-Textos, Valencia, 2009.

Tras Círculo vicioso (Universidad de Granada, 1996) y El vino de los amantes (Hiperión, 2001), Rafael Espejo (Palma del Río, Córdoba, 1975) publica Nos han dejado solos, poemario que le ha valido el X Premio Emilio Prados que concede el Centro Cultural Generación del 27 de Málaga. 

Los libros me molestan por su fidelidad, / los amigos me estorban cuando los necesito escribía Rafael Espejo en El vino de los amantes. Esa voz directa vuelve ahora si cabe más contundente, aunque también —han pasado ocho años— algo menos altiva. De nuevo un libro que se crece en lo pequeño, sembrado de imágenes que evitan desgañitarse en alusiones a un sentido recóndito. Gran virtud: la naturalidad de quien no necesita levantar la voz. Hay algo de apunte japonés, de noche oriental, pero también de exotismo latino: sobreentendidos, ritmos, giros lingüísticos que van a la llaga de los temas por excelencia: el amor y la fugacidad. El resultado es una poesía que domestica con humor las grandes palabras, casi como una comedia romántica de Capra: nos hace cosquillas para hacernos pensar. 

Ante lo efímero de la vida humana, Rafa Espejo se sorprende, sondea. Y después concluye: Siento, pienso, deseo. Pero esas tres formas de conocimiento (sensible, mental, físico) hunden las raíces en los subsuelos sensoriales: unas espinas, cuando están clavadas, / son tanta realidad. Y donde digo sensorial quizá deba decir sexual. Espejo propone un cuadrilátero sin tiempo como escenario para el encuentro amoroso, quizá porque le interesa menos el embate sexual en sí que los tiempos muertos, los estiramientos, los consejillos al oído del sparring. En Nos han dejado solos el sexo no siempre es distinto del amor en su acepción clásica. "Yo te amo; Je t’aime; Ich liebe Dich; Io t’amo… no hay lengua sobre la tierra a la que esta frase no pueda traducirse exactamente, a condición de que, para lo que se quiere decir con ella, la palabra sea innecesaria". Auden encadenó cincuenta aforismos para llegar a esa conclusión que Espejo aprovecha en "Ejemplos de lo que no te digo": Si te cuido / sin esas dos palabras / que al decir amortiguan, / rebotan / y dispersan, / un sentimiento usado ya por otros, / nos privan de su exclusividad.

Asumido que lo nuestro es pasar, la alternativa es Vivir, pero además / vivir consciente, / vivir como si solo / fuese real la vida. Más que una queja, una alegre constatación. Espejo agradece a la muerte que sea definitiva tanto como a la vida que sea transitoria. No sólo porque ambas realidades son poco discutibles, sino porque esa forma que la biología tiene de animar y desanimar la materia a su antojo es lo que da sentido a una vida concreta y puede, además, vacunarnos contra algunos miedos. Serán ceniza, mas tendrá sentido, dice Quevedo. Mírame con tus ojos/ yo también soy tu casa, replica Rafa Espejo en "Final contiguo", un poema de amor que puede leerse también como un poema a la muerte.

Las nubes aparecen y desaparecen en los poemas como una imagen continua, se volatilizan, vuelven transformadas en tiempo, en espuma. El corazón sestea en su caverna, el mar es una mente, un ombligo un imán, los testículos ojos no natos, la muerte la única familia. El imaginario del autor se va revelando en los poemas sin telón intelectual. Un dato: ni una sola cita. Y es ahí donde aparece la verdadera apuesta: no hay delirios ni extravagancias intelectuales, las cosas se ven de frente. Busca que las palabras se mimeticen con el sentido, y para ello recurre tanto a cierta solemnidad canónica ¿Pues qué merecimiento hemos tú y yo obtenido / para encontrarnos? como a giros audaces: Si me pide Panchita / que desintegre el agua para demostrarle, / separaría hidrógeno y oxígeno / con unas pinzas. Si fuerza la gramática cuando la economía se lo pide, la elipsis aparece para no despistar más que como un recurso de estilo. Aunque en poesía, claro está, todo lo es. El padre, el hermano o Panchita aparecen sin levantar ampollas de pudor, sin hacer de la biografía melodrama. ¿El tópico de anular la distancia entre lo personal y lo colectivo? No exactamente. Más bien da lo personal sin vacuidad retórica, que es lo colectivo de la mala poesía.

Todo en Nos han dejado solos es presente, y todo presente tiene su correlato en contextos que vienen del pasado o del futuro: Cuando el tiempo, inconsciente, me deshaga / volveremos a ser / (mosca, lluvia, yo, encina) / materia convertible: // al vientre de la tierra / lo que salió / del vientre de la tierra. De todas las actividades inútiles desde el punto de vista biológico, escribir poesía es probablemente la que se lleva la palma de la inanidad. Saciados el estómago y el sexo, / ¿qué queda? Para Rafael Espejo la respuesta no está en la poesía: No conozco otra mística / que la mística en sí. // No probará un poema / ese lenguaje

Andrés Navarro










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