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Humanismo

Ryszard Kapuscinski, Poesía completa, Bartleby Editores, Madrid, 2008.

Kapuscinski reportero, Kapuscinski periodista, Kapuscinski fotógrafo… es ampliamente conocido. Maestro para muchos, su característico humanismo, fruto de sus andanzas por gran parte de la geografía mundial, es tal vez lo que le hace más cercano a sus lectores. Tanto en sus escritos, que son resultado de  la inmediatez que requiere la noticia, como en los más reflexivos, se hace patente de un modo u otro. El volumen ahora publicado recoge por primera vez el compendio de toda su poesía. Se nos muestra el Kapuscinski más íntimo, el más personal y, por tanto, el más humano. Sin duda, se trata de su faceta menos conocida, acostumbrados como nos tenía a ver el mundo a través de sus ojos y de sus vivencias, y no a ver el interior del que escribía esos reportajes. No parece, sin embargo, que desmerezca de las otras. El lector de poesía fácilmente encontrará en estos poemas a un verdadero conocedor del oficio y a un poeta con voz propia. Que la publicación de la obra completa sea póstuma, aprovechando el aniversario del fallecimiento del autor, hace pensar en un ocasionalismo editorial alentado por el éxito en vida de Kapuscinski. Coincide, sin embargo, que en este caso la edición hace justicia a un poeta que, sin lugar a dudas, la merecía en propiedad cuando vivía.

Claudio Magris trazó un acertado perfil  de Kapuscinski con ocasión de la edición italiana, en 2004, de Taccuino d’appunti. En el aspecto personal lo describe como un “hombre sincero y amable, con una generosa capacidad para entablar amistad e inmune al egocentrismo, tan frecuente entre los literatos.” Magris, además, resalta como característico de la obra en prosa su virtualidad para desentrañar el poder en todas sus manifestaciones. Como era de esperar, Magris sabe ver en la poesía algo más que un mero recurso para terminar de definir la imagen de este autor. Desde luego es necesaria para que sea completa, pero precisamente porque aporta mucho a lo que ya se conocía. El escritor triestino vincula el modus operandi del reportero, recabando la información a pie de calle, con la más auténtica literatura a través del fragmentarismo. Y es ahí donde creo que encontramos al Kapuscinski poeta, recogiendo retazos de vida, cargándolos de sentido y contextualizándolos en la hecatombe del mundo hecho fragmentos. Magris sitúa a Kapuscinski “en ese filón de poesía polaca altamente humana, que va de Milosz a Szymborska y llega hasta Tadeusz Rózewicz”. Yo lo vincularía también con el cine de Krysztof Kieslowski.

El prólogo de Abel A. Murcia Soriano, traductor también de Szymborska y con un saber hacer suficientemente demostrado, recoge palabras en que el propio autor manifiesta que antes de escribir un poema tiene que “entrar en otro lenguaje, en otra forma de ver, en otra atmósfera, en otro tipo de recogimiento, de concentración”. Aunque se refiere a la atmósfera que requiere el propio hecho poético, es esa aptitud y capacidad de entrar en lo otro y en el otro, y así ser compañero en el viaje de la vida, lo que sorprende y cautiva de Kapuscinski en el relato que hace de su estancia en los cinco continentes. Su concepción poética avala este modo de proceder e ilumina los rincones de sus poemas: “al escribir poesía encontramos en nosotros una otredad que no sospechábamos antes de sentarnos ante el papel. Escribir poesía es un tipo de descubrimiento sorprendentemente valioso…”

Poesía completa está compuesto por Bloc de notas (1986), Taccuino d’appunti (2004), Leyes naturales (2006) y siete poemas inéditos fechados en 2006. Los primeros poemas presentan un lenguaje más desgarrado y de denuncia, heredero de cierto existencialismo. Pronto la realidad que le toca experimentar suaviza su dicción y le reconcilia con la vida. Somos testigos del proceso de abandono de una visión idealista, tal vez un poco ingenua, y de su vuelta, a través del diálogo con Kant y san Agustín “hacia las cosas de este mundo”. En estos primeros versos Kapuscinski hace marchitar la rosa, que ya no es la perenne imagen de juventud, frescura y belleza que pretenden tantos. La misma relación de desconfianza mantiene con las palabras poco después de volcar toda su esperanza en ellas, de servirse de ellas para siquiera un milímetro / alzarse por encima de todo esto. Las palabras -nos dirá- dan falsas señales / conducen a callejones sin salida / llevan a la tentación. No parece que teóricamente tenga una concepción definida de lo que sea el lenguaje. En la práctica, hallamos la incorporación del lenguaje coloquial, del habla, a la poesía. Se intenta salvar la distancia que pueda existir entre arte y vida. En esto está en la estela de la lírica romántica inglesa o, más cerca de nosotros, de Cernuda y Gil de Biedma.  Los poemas no son de gran extensión aunque sí predomine el carácter narrativo-descriptivo, reservando para el final de los mismos el momento intensivo a modo de paradoja o enseñanza. Por otra parte, muchos de los poemas más breves son un “caer en la cuenta”, son esas notas que se toman en el cuaderno de viaje y que no quieren dejar escapar el momento brillante de una elocuente idea. Kapuscinski, como Szymborska, se sirve de la naturaleza, muestra su funcionamiento, y establece paralelismos con el del ser humano, en un proceso por intentar entenderlo. En esta misma dirección, lee el pasado en el presente y hace una relectura del mismo desde este presente. Los recursos de dicción son variados: desdoblamiento del yo, estructura dialógica, interpelación a un tú imaginario, poemas plegaria… No son pocos, tampoco, los poemas en que sabe encontrar la imagen que transmite convincentemente el sentimiento que se quiere expresar. La temática es muy variada, destacando la constante presencia de la muerte, descargada aquí de dramatismo. El sentido que le da al sufrimiento y a la culpa es absolutamente cristiano. Creo que no hay que dejar de tener en cuenta sus raíces católicas como polaco para terminar de entender su humanismo realista, un humanismo abierto tanto a la alegría como a la tristeza y el cansancio. No los niega, forman parte del ser hombre.

José Manuel Pons










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