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Elegía

Antonio Praena, Poemas para mi hermana, Rialp, Madrid, 2007.

Este libro ha merecido uno de los dos accésits del Premio Adonais de Poesía de 2006. El autor, dominico, Licenciado en Teología, nacido en Purullena (Granada) en 1973, consiguió en 2003 un accésit del Premio de Poesía Iberoamericana Víctor Jara por su poemario Humo verde (Salamanca, 2003). Poemas para mi hermana es un libro elegíaco. El motivo, que otorga una gran unidad a los veinticinco poemas de que consta, es el fallecimiento de la hermana del autor.

El elegíaco es un género difícil, por los riesgos de deslizarse hacia excesos melodramáticos o de ceñirse demasiado a la vivencia personal, que lógicamente afecta intensamente al autor, pero que puede resultar demasiado ajena para los lectores. Antonio Praena consigue el equilibrio, a mi modo de ver.

Hay numerosas referencias a hechos, paisajes y personas del entorno del poeta, en un tono amoroso, de gratitud por lo compartido, aunque sin caer en detallismos innecesarios: PIENSO en las tardes blancas que se fueron. / Mientras vosotros sesteáis en el sillón, / yo pienso en tardes como esta y que se fueron. / Y miro entonces a papá. / Pienso en las madrugadas de papá / para regar los álamos azules / del otro lado de El Molino. La vida hogareña de la infancia, los duros trabajos del campo, la fidelidad conyugal están reflejados con realismo lleno de ternura y admiración, como si pasado y presente se confundieran: Tú no te acordarás, porque eras muy pequeña / –como los ruiseñores yo diría–. / En realidad mamá te canta a ti, / que eres los ruiseñores de pequeña, / y el agua de la acequia / está en mis ojos ahora mismo. Bastantes poemas tienen forma de diálogo con la hermana o con el sobrino hijo de ella, a quien está dedicado el libro.

También la naturaleza juega un papel destacado, pues suscita admiración y es compañera solidaria en momentos de alegría, de miedo, de duda, de dolor… Son los lugares contemplados tantas veces en la infancia y adolescencia, con variedad de matices, humanizados por la presencia de las personas queridas, que se convierten en símbolo: Papá, deja que cruce contigo la alameda / profunda y limpia de tu corazón / para que nazca un hombre redimido.

Sin embargo, la anécdota, el hecho recordado son algo más que memoria del pasado, pues llevan al poeta a  reflexionar sobre las grandes cuestiones que rodean a la muerte, al dolor y al paso del tiempo. Y aquí aparecen hondas consideraciones, con las que se universaliza la mirada a partir de la experiencia vital íntima: Es imposible amar fuera del tiempo, / nada infinito hay que se alcance sin su hebra, / aunque la hechura de su amor / nos muestre su belleza en sacrificio / sólo al perder a quien más hondo nos ha amado.

El resultado es un libro sereno e incluso sentencioso, que deja entrever, tras el dolor y la soledad por la muerte de la hermana, la trascendencia y la esperanza cristianas, en las antípodas del relativismo nihilista y cínico tan frecuente en nuestros días, porque Tanto más verdadera es una  vida / cuanto más honda en otra invierte sus verdades. Lo que queda, viene a decirnos el autor, tras la dura experiencia de la muerte es haber amado y haber sido amado. Por esto, qué vacía / se queda la verdad si no se abraza. Un poemario interesante para añadir a la larga tradición elegíaca de la literatura española.

Luis Ramoneda  










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