Poesía Digital

Manolo Ramírez

¿Crisis? Lo de Argentina sí fue una crisis.

Manolo Ramírez se dedica a Pre-Textos desde que un día, en los pasillos de la facultad de letras de Valencia, Manolo Borrás le invitó a participar de una locura. Junto a Silvia Pratdesaba fundaron Pre-Textos, la que es hoy una de las tres o cuatro mejores editoriales de España. Una editorial que los lectores diferenciamos por el cuidado del diseño y la selección de textos, singular y finísima. Manolo nos dedica una generosa hora en el despacho de la editorial.

 

Nace Pre-Textos hace treinta años y hoy sigue, cada vez mejor de salud, en la primera línea editorial. Supongo que hay unas cuantas reglas secretas en cuanto a los autores, los lectores y los textos.
Respecto a los textos que editáis, ¿cuáles son los criterios de selección? ¿Se puede hablar de una marca característica de Pre-Textos?

El criterio que se sigue, sobre cualquier otro, es la calidad. Silvia, Manuel y yo leemos todas las obras que pensamos pueden ser publicadas. Son tres subjetividades y cada vez se sopesan todos los factores antes de decidirnos. Pero siempre el criterio principal es la calidad.
No sé si puede hablarse de una marca característica. Lo que sí tengo comprobado es que los libros de Pre-Textos, por lo que se refiere a su presencia física, cuando están expuestos junto a otros, por ejemplo en nuestra caseta en alguna feria del libro, destacan por su sobriedad y convierten nuestro pequeño espacio ferial en un remanso de serenidad. En cuanto a los contenidos es el lector quien debe juzgar. Mi socio Borrás siempre dice que “el mejor libro que puede escribir un editor es su propio catálogo”, y ése y no otro es el espíritu que mueve al equipo Pre-Textos: poder llegar a ofrecer nuestro mejor libro.

Tenéis dos colecciones, Cruz del Sur y Primeros Libros, que dicen mucho sobre los contenidos de vuestros catálogos.

Estas colecciones son el reflejo de una doble preocupación. La Cruz del Sur supone no sólo la conexión con la literatura extranjera de calidad sino también una relación con Hispanoamérica. Es una colección que personalmente me gusta mucho.
En la colección Primeros Libros publicamos a autores españoles que se estrenan para el público. A muchos les damos a elegir entre publicar aquí o en otra colección. Son apuestas que están resultando muy satisfactorias porque todos los que han ido surgiendo han seguido luego una buena carrera literaria, en nuestra editorial o en otras. La mayoría lógicamente se quedan con nosotros.

Ya que estamos con los poetas, ¿cómo es la relación entre Pre-Textos y sus autores?

No somos muy celosos; o mejor, somos celosos de nuestros autores pero no posesivos. Les cuidamos y hay una relación de amistad con ellos, pero si nos proponen presentarse, por ejemplo, a un premio literario no subvencionado por nuestra editorial, nos parece bien. Y les decimos: si no ganas, te lo publicamos nosotros. Luego hay casos en los que el autor es especialmente prolífico y le aconsejamos que en vez de editar dos títulos seguidos y muy cercanos en el tiempo con nosotros, publique alguno de esos textos en otra editorial. También se ha dado en ocasiones la circunstancia de haber rechazado o devuelto originales de algunos de nuestros autores por considerar que el libro no se encontraba a la altura de entregas suyas anteriores.

Un escritor tiene dos ventanas o atalayas al público: los premios literarios y la crítica literaria. La primera atalaya supone ventas y la segunda ventas y consideración. ¿Qué suponen estos dos factores para una editorial?


Aunque, afortunadamente, la dependencia no es absoluta, para nosotros es importante la difusión de la poesía a través de los premios literarios y de las buenas críticas. Por lo que se refiere a los premios, Pre-Textos apoya en este momento cuatro premios de poesía: El Premio Gerardo Diego de la Comunidad de Cantabria, el Villa de Cox en Alicante, el Arcipreste de Hita en Alcalá la Real (Jaén) y el Emilio Prados de Málaga, los dos últimos para autores menores de 35 años.Todos ellos son transparentes, y tanto sus prejurados como sus jurados son lo suficientemente heterogéneos e independientes como para que los fallos no apunten a una determinada y excluyente tendencia poética.
Creemos que los premios son una buena fórmula para acceder a la difusión de una obra y también para dar la oportunidad de incorporar nuevas voces al acervo poético en lengua española.
La buena crítica ayuda, qué duda cabe, a la mayor difusión de una obra, pero no hay que olvidar el “boca a oído”, la recomendación entusiasta. Ésta hace a veces mucho más que una buena crítica. No olvidemos que el mundillo poético en nuestro país es muy endogámico y las críticas de poesía no suelen trascender los límites del público profesional especializado.

La editorial funciona si tiene lectores. ¿Cómo consideras al lector de poesía de hoy?

La poesía, como dijo Francisco Brines y creo que antes Juan Ramón, requiere de lectores, no de público. Y siempre ha tenido lectores, en pequeño número pero muy fieles. Nuestra visión es tratar de abrir el campo a nuevos lectores y sabemos que hay algunos títulos que lo amplían. De todas formas, nunca habrá un boom, algo que en narrativa y moviendo los entresijos del marketing, es posible que se dé. Además, el lector de poesía no se deja engañar, tiene criterio propio. Nuestra editorial, nuestro catálogo, deja claro, por otro lado, que no somos de una tendencia poética determinada sino que recogemos, creo, lo mejor de cada tendencia. Cuando se haga un recuento de nuestro catálogo se verá que hemos estado atentos a todas las poéticas.

En treinta años, ¿ha habido momentos especialmente difíciles?

Sí que ha habido momentos malos, momentos en los que hemos pensado tirar la toalla. En los años ochenta pasamos una de las peores crisis, que fue solventada gracias a Elias Canetti. Fue providencial. Manuel estaba, siendo muy joven, investigando en una biblioteca austriaca para su trabajo sobre el expresionismo y uno de los días en que estaba trabajando el bibliotecario le presentó a Canetti. Manuel no lo conocía y Canetti se había interesado por ese joven investigador, así que surgió una conversación muy cordial. Cuando el poeta salió de la biblioteca fue cuando le dijeron a Manolo quién era ese agradable señor. A partir de ese momento Manuel se interesó en su obra y siempre quiso editarlo, pero cuando nos decidimos a hacerlo los derechos los tenía Mario Muchnick. De todos los libros menos de uno, Las voces de Marraquesh, que parece que estuviera destinado providencialmente a nosotros. Lo editamos y al mismo tiempo le dieron el Nobel. Fue extraordinario.

No hay más remedio que hablar de la crisis editorial. Me gustaría que hablaras de ella pero concretando en la poesía, en cómo está la poesía soportando la crisis. Parece que muchos editores están alzando la voz, aunque luego te encuentras otros -como hace unos días Ricardo Artola, en el Cultura|s de La Vanguardia- que repudian tanta queja.


Los editores siempre hemos sido quejicas. Hay veces que tenemos razón, y mucha. El problema es que cuando la queja se convierte en endémica resulta contraproducente. No se trata tanto de quejarse como de actuar. Creo que la política de la queja ya está agotada. Lo que es cierto es que nunca se ha leído tanto como ahora. Es verdad que respecto a otros países europeos como Francia España está por debajo en índices de lectura y que se debería leer más, pero la cifra de lectores es la mayor de la historia. En el fondo, creo que hablamos de crisis sin saber lo que es realmente una crisis. Siempre vamos a tener que afinar, que comprobar ingresos y gastos, que hacer porcentajes ajustados pero lo que hay que hacer es acometer los déficits y hacerles frente. Crisis es lo que han tenido los argentinos, eso sí que es una crisis.


Llámese crisis o momento delicado, ¿crees que hay caminos concretos para mejorar los índices de lectura y las ventas?


Creo que uno de los caminos para resolver la situación es el cambio en el sistema de red de bibliotecas españolas. Es algo en lo que venimos haciendo hincapié desde hace muchísimo tiempo. De hecho, ya Jaime Salinas lo decía cuando estuvo en el Ministerio. Pero todos nos quejamos y estamos en las mismas. Nadie acomete el problema. Otra llave la tienen sin duda los medios de comunicación. Estaría bien que por fin sacaran al libro del último rincón que le han asignado dentro de la cultura, que para los directivos de los medios es más bien el espectáculo. Recuerdo, por ejemplo, a alguien que hizo por cambiar, aunque con un gesto modesto, este estado de cosas dentro de un medio televisivo: Fernando Delgado. El tiempo que estuvo presentando los telediarios dedicó los últimos minutos a recomendar un libro. Eso ya es un paso firme. La televisión debe dejar de mirar constantemente las audiencias –que además se basan en estadísticas fácilmente manipulables– y mirar por el verdadero bien común.

¿Y crees que los editores tienen algo que hacer al respecto? Se ha hablado mucho también del exceso de novedades...


También los editores debemos entonar el mea culpa. Sí, debemos editar menos novedades al año. Personalmente yo no me encuentro cómodo con el número de libros que sacamos al mercado cada año. Preferiría que fueran menos, porque así se cuida más cada uno y se edita mejor. Pero en esta situación no hay más remedio. Es la pescadilla que se muerde la cola: el sistema de distribución está obsoleto, las librerías no aciertan con un sistema válido de venta de libros, no hay rotación de fondos, algunos libreros despiden a los lectores con un “está agotado” cuando el libro no está en la librería, mientras en el almacén del editor sigue habiendo existencias. La mala gestión ha hecho imposible la diversificación de las librerías. Es cierto que todo lo que se edita no cabe en las librerías, pero es que con una buena gestión e informatización no hace falta tenerlo todo. Y luego están los índices de lectura, que no van a cambiar –por supuesto– por muchas campañas gubernativas que se hagan. Mientras tanto, las librerías optan por quitar títulos que no interesan a muchos lectores. El otro día, estando en la Casa del Libro de la Gran Vía de Madrid, comprobé que la sección de poesía había quedado reducida a un pequeño módulo de estantería, ocupando el largo espacio que había –unos veinte metros de estanterías de dos metros de alto– el libro de bolsillo. Aquí en Valencia es ejemplar el trabajo que realiza la librería Valdeska. Con un criterio claro de selección de novedades, con una imagen propia, con un servicio de fondo de editoriales.

Si no hubiera necesidad económica de publicar tantas novedades, ¿crees que se vería exactamente cuántos libros interesantes se escriben al año?


Eso dependería en gran parte de las exigencias del lector. Ahora bien, si se llegase a reducir el número de novedades eso sería el indicio de que la distribución se habría racionalizado y que las librerías darían mayor cabida a los fondos editoriales y no exclusivamente a las novedades, con lo que el lector dispondría de acceso a una mayor diversidad de títulos. Es complejo y parece paradójico, pero no lo es. Lo que sí resulta paradójico es que España esté en un cuarto puesto del ranking mundial en número de títulos publicados anualmente, y tenga, al mismo tiempo, uno de los índices de lectura más bajos de Europa. Como ves, aún queda mucho por hacer. De todas formas, no hay que perder de vista que el nivel editorial de poesía en España es muy elevado, a considerable distancia de otros países europeos. Hay dificultades, aunque la poesía cuenta siempre con la ventaja de tener un público fiel.

Poesía Digital nace y se desarrolla en la red, aprovechándose del medio para la difusión de poesía. ¿Qué papel crees que tiene en realidad internet en la poesía?

Creo que en poesía puede funcionar bien el formato electrónico. Es un soporte mucho más ágil y tienes la facilidad de lectura que no te da una novela digital de doscientas páginas. El papel más interesante que veo que puede tener la red es el de ser soporte informativo y publicitario de poetas y actos poéticos. La red puede favorecer el establecimiento de vínculos entre los diferentes actantes del mundo de la poesía y presentar autores (con un par de poemas basta) a todos los lectores, de un lado y de otro del charco. En nuestro caso, la labor que se está haciendo con Hispanoamérica, en concreto de la mano de Manuel Borrás, está siendo muy importante. Hemos sido invitados a diferentes congresos y mesas redondas con editores de allí y estamos abriendo un mercado muy importante, muy superior al español. En este sentido, es muy interesante la propuesta que Carlos Pardo ofrece desde el año pasado en Córdoba, Cosmopoética. Se trata de una serie de lecturas poéticas, conferencias y presentaciones de autores nacionales e internacionales que durante una semana inundarán la ciudad andaluza. Es actualmente una de las más importantes citas para conocer la creación poética del otro lado de océano.

Para terminar, ¿qué proyectos tiene la editorial para estos meses?


Creo que nuestro proyecto más importante ahora mismo es la edición de las Voces reunidas de Antonio Porchia, un libro muy especial y de un valor incalculable que hemos rescatado para Pre-Textos y para los lectores de España. El libro reúne todas sus voces, sentencias que podríamos calificar de prosas poéticas, aforismos o razonamientos filosóficos, escritos por este genial pensador/poeta. El libro viene acompañado por un cd con la voz del autor recitando alguna de sus voces. Es la primera vez que editamos contenidos de audio y creemos que va a ser una muy interesante novedad para el próximo mes.