Poesía Digital

La poesía digital

El Grup de recerca Hermeneia comenzó en 2001 a investigar en torno la literatura digital y hoy es uno de los referentes europeos en esta línea de estudio. La profesora de la Universitat Oberta de Catalunya Laura Borrás ha dirigido desde su fundación el grupo y fue invitada por Kosmópolis a impartir un taller de poesía digital el pasado mes de noviembre. Poesía Digital, la revista, ha publicado algunos documentos en estos tres años de vida sobre cuestiones relativas a los nuevos soportes y nuevas identidades de la poesía, pero es cierto que nunca hasta hora había dedicado sus páginas a la materia de la que toma título la revista. Por eso asistimos al taller y por eso publicamos aquí las notas que tomamos. Próximamente daremos la voz a Hermeneia para explicar, a fondo, algunas de las cuestiones que de forma somera apuntamos a continuación.


La poesía digital no es algo propio de un momento de cambios: todo está cambiando siempre.

Poesía digital no es poesía digitalizada. Es literatura producida en un contexto digital y que sólo puede ser consumida en soporte digital. Poesía digital es un producto de la interacción persona-máquina.

La poesía digital habla de lazos con el espacio. La poesía digital busca nuevas formas de expresión. En la poesía digital los blancos nos dan el tiempo. Ahora, más que nunca, el poeta no es aquél que sabe escribir líneas que no llegan a la derecha de la hoja.

Espen Aarseth acuñó el concepto de ergodic literature. Se refiere a aquella literatura que, para ser leída, requiere de un trayecto, un camino. No es un concepto exclusivo de la poesía digital, pero la poesía digital es ergodic literature. Existe de este mismo modo la rayuela de Cortázar, y existe el último libro de Coover. Un camino que hay que hacer significa, sobre todo, unos caminos que no vas a recorrer, y que podrías haber recorrido.

La poesía digital extrae la literatura de su soporte natural/tradicional. Nos confronta a la complejidad física y por lo tanto nos obliga al conocimiento de unos nuevos soportes. Requiere también diferentes medios de almacenaje y difusión.

La programación es la materia primera en la poesía digital. El autor de poesía digital encuentra en la programación la resistencia del material que el escultor encuentra con el mármol o con el yeso.
 
El lector de poesía digital interactúa.

En poesía digital se abre el espacio de la complejidad autorial: quién es el autor, el autor o la máquina. Hay una autoría múltiple o colectiva. Es un autor o un artesano.

El que actúa en la poesía digital no es tanto un lector como un wreader, un lector que crea/construye en el momento de lectura el texto.

La poesía digital es también el espacio de la complejidad tipológica: hay obras abiertas y cerradas, hay obras en las que se incorporan textos, hay obras en las que el lector navega.

La poesía digital supone la complejidad perceptiva: cómo se produce el acto de lectura, qué sentidos son interpelados.

Poesía digital puede ser una poesía sin versos, nuclear, axial: moléculas que no se encuentran sino en el texto.

La poesía digital puede permitir recuperar la poesía oral. La poesía digital tiene un componente erótico: el lector toca el texto para poder escucharlo.

Las obras de poesía digital poseen una doble identidad: la poesía digital que se produce es un texto performativo; la que se descubre, un texto recibido. Ambas identidades son diferentes entre sí.

Las capturas de pantalla mutilan las obras de poesía digital.

Los predecesores de la poesía digital son el chance art (el autor no controla el significado de su obra), Burroughs, el collage, Tzara, el cut up method.

En poesía digital el autor no controla el texto sino que es el texto quien controla al autor y al lector. La gran diferencia entre la poesía digital y la analógica es la lógica de lectura.

El placer de la lectura en poesía digital se relaciona indisolublemente con el esfuerzo interpretativo. De hecho, es relativamente sencillo relacionar la poesía digital con una cierta estética de la frustración.

La poesía digital sólo necesita nombres, no realidades. La literatura tendrá nuevos apellidos cuando se normalice –se adapte al canon, se haga oficial- la poesía digital.

Los medios nuevos transforman, no eliminan a sus iwc replicas predecesores.

Poesía digital es la proyección de una dimensión dramatúrgica de la palabra, una sofisticada mise en scène de la palabra.

(Aquí hay más de un centenar de obras de poesía digital.)

Javier García
Fotografía: captura de pantalla de la obra Xtine, de Jason Nelson