Poesía Digital

De los rostros a los retratos

Bernardo Chevilly, Galerķa de retratos, Pre-Textos, Valencia, 128 pp., 2009

Hijo de pintor, músico, melómano, editor y poeta, Bernardo Chevilly (Santa Cruz de Tenerife, 1961) ha destacado siempre por su discreción, por su voluntaria marginalidad, por una sensibilidad y delicadeza extraordinarias que poco, si no nada, tienen que ver con la desmedida y al cabo inútil autoafirmación que han practicado tantos representantes de la poesía española (incluyendo la canaria). Para la mayor parte de los lectores de poesía de nuestro país, por tanto, será un verdadero descubrimiento el libro que hoy comentamos. Galería de retratos no es solo la obra de un autor prácticamente desconocido, sino además un libro insólito por varias razones. En primer lugar, es dudoso que se trate de un libro de poemas, sobre todo porque no es solo eso sino mucho más: es un mapa vital, una reunión de rostros, unas memorias fragmentarias, un conjunto de minibiografías, una colección de retratos nada convencionales. En segundo lugar, estamos ante un libro en el que el autor no se limita a un solo modo de escritura, sino que combina y aplica diversos modelos discursivos según lo requiera el objeto (el sujeto) del retrato: autobiografía, enumeración, carta, microrrelato, apunte, evocación de un instante, pequeño poema en prosa…: una pluralidad estilística que intenta revelar la pluralidad inherente a cualquier vida. Por último, Galería de retratos está publicado en un formato poco habitual en las ediciones de poesía de nuestro país: se trata de un libro de gran tamaño, con tapa dura, en el que cada poema ocupa la cara anterior de una hoja cuya cara posterior queda en blanco; en definitiva, una edición esmeradísima que podría hacernos pensar que una de las vías posibles por las que debería transitar la edición tradicional en estos tiempos de abundancia digital es precisamente el reforzamiento del libro como objeto valioso en su propia materialidad insustituible.

Los personajes retratados en este libro no son siempre reconocibles. En algunas ocasiones se intuye que son algo así como fantasmas poderosamente presentes en la memoria de su autor, presencias (mujeres amadas, por ejemplo) que el tiempo se encargó de borrar pero que siguen irradiando en forma de imágenes o palabras que el poeta conserva como emblemas de vida más allá de la muerte. En otras ocasiones reconocemos a escritores canarios (el grupo más numeroso), algunos de ellos, como Pompeyo Pérez Díaz o Emilio Alfaro Hardisson (a cuya memoria está dedicado el libro), compañeros de generación de Bernardo Chevilly. Hay también escritores peninsulares, músicos, pintores, editores y libreros. Un caso singular es el de Stefan Zweig, único autor extranjero citado, del que se destaca precisamente la fotografía tomada el día de suicidio en Brasil junto a su esposa. Especial importancia tienen los retratos del hijo, la mujer, el padre y la madre, que se citan además en el texto que cierra el conjunto, un autorretrato compuesto asimismo por nombres de escritores, pintores y músicos que, junto con "el azar ―o el Destino―, humildemente, han hecho de mí lo que soy".

En After life, una de las mejores películas (si no fueran todas extraordinarias) del japonés Hirazaku Kore-Eda, precisamente casi estricto contemporáneo de Chevilly, se narra la ficción de una residencia de ultratumba por la que van pasando diferentes difuntos que deben contar el momento que mejor recuerdan de sus vidas. Aunque todos ellos apuntan inicialmente hacia algún instante convencional, los "empleados" de la residencia los ayudan a descubrir precisamente ese momento de verdadera plenitud que podría considerarse el omphalos o el aleph de cada una de esas vidas. En cierto modo, la búsqueda de Chevilly se parece a la de este filme: hay un gesto, un instante, unas palabras, algún objeto o algún lugar que define o resume lo que somos aunque ni siquiera nosotros mismos lo sepamos. En este sentido, Galería de retratos es no solo un singular y extraordinario libro de poemas sino también una guía por el laberinto de la identidad.


Rafael-José Díaz