Poesía Digital

Sombras y cuervos

Izaskun Gracia Quintana, Eleak eta beleak, Arabako Foru Aldundia, Gasteiz, 2007.

He tenido  muchas sensaciones encontradas al volver a releer –y digo bien, porque esta es la cuarta vez que leo el libro, luego no lo releo, sino que lo vuelvo a releer-, el poemario de Izaskun Gracia Quintana (Bilbao, 1977) Eleak eta beleak [Palabras y cuervos], premio Ernestina de Champourcin el año 2006 y publicado en 2007.

Izaskun Gracia realizó estudios de filología vasca. Reside en Madrid. Ha tomado parte en los proyectos Odysée du Danube y "Transgeneración 1.0, Encuentro de jóvenes poetas", con Elena Medel. (Y espero que se permita citar el nombre, lo cual no significa inmediatamente una adscripción a su misma estética).

Los cuervos, además de los de Edgar Allan Poe, han tenido una presencia importante en la poesía vasca desde que Jon Mirande (1925-1972) les hiciera aparecer, bajo el manto de Odín, y representar la Sabiduría y la Memoria. Y es evidente que los cuervos del título rememoran a Poe y no olvidan a Mirande.

Además, me parece que el libro de Izaskun Gracia -antes de empezar a decir nada de la escritura- podría  compararse a un libro que en su momento tuvo un cierto eco en la poesía vasca. Me refiero a Ezezagun baten koadernoa (1988) [El cuaderno de una desconocida], de Mari Joxe Kerexeta (Zemaga, 1961), poemario que fue considerado un claro ejemplo de la poesía de la experiencia y que  fue apagándose, porque la autora prefirió otros campos de escritura y actividad, y que también se publicó porque ganó un premio, en este caso el Ciudad de Irún. Kerejeta se convirtió en una poeta de culto para unos iniciados que la habían descubierto, mientras los lectores normales no llegaban a encontrar el libro en las librerías. Espero que ni el libro Eleak eta beleak ni la autora sigan un camino paralelo, y la expresión poética y artística de Izaskun Gracia tenga un largo recorrido. El prólogo de Harkaitz Cano podría servir de punto de partida para ese viaje.

Sé que esta información sobre su inserción en la tradición poética vasca puede resultar forzada porque, al final, la autora no vive en el País Vasco y su poesía, es cierto, respira otras poéticas y otras estéticas. Pero Mari Joxe Kerejeta había elaborado también el diario de un amor mal correspondido, y la narración de una historia de amor. Y, pienso,  es lo que realiza Izaskun Gracia en su libro.

Tengo la impresión de que la poesía de los años del nuevo siglo se ha esparcido en estéticas personales –exceptuando la que una y otra vez vuelve sobre la poesía identitaria de la lucha y la bronca-. Sé que el libro Eleak eta beleak ofrece una originalidad en los caminos de los textos poéticos del País Vasco.

Puede describirse que se encuentra más cerca de una tradición simbolista: le gusta a la autora las largas aliteraciones y los juegos de palabras. Profundiza en una reflexión sobre el lenguaje poético, y el primer poema, ese que se coloca al principio como declaración de intereses y querencias, habla de la posibilidad y de la imposibilidad de la expresión poética en una dificultad muy postmoderna de confianza en la comunicación de lo que se quiere decir: Barruko irudiak hitz bihurtzea gero eta zailago egiten zait [Cada vez se me hace más difícil convertir en palabras las imágenes interiores]. Con una cita así entre las manos, el lector puede pensar que el libro es un viaje hasta la expresión perfecta. Pero no, habría que ser más cautelosos y advertir que las palabras y los cuervos viven en espacios compartidos. Porque entre el decir y el no decir, entre la memoria y el olvido, queda el diálogo. Si este libro trajo a mi memoria el de Mari Joxe Kerejeta fue porque creo que Eleak eta beleak es un larga conversación entre el amor y el desamor, del amor de las palabras, y de la traición, de los cuervos, que ya en Mirande eran un presagio, también,  de la muerte.

Pero la búsqueda de las imágenes interiores, que leíamos en la cita, lleva a la expresión poética más allá del simbolismo que aparece en la primera fase del estilo (aliteración) para crear un campo de profundidad, una visión más amplia del mundo interior, que se mueve en la inestabilidad entre la palabra y la palabra traicionada.

Hain denbora luzea pasatu eta gero / erantzun guztiak dauzkagulako ustean gaude / baina itaun asko daude adarretatik eskegita oraindik / eta barruan erretzen zaigu horien pisua / elkar ezagutzen ez dugun horiek nortzuk diren jakiteke (32. or.) [Hemos pasado tanto tiempo / que pensamos que poseemos todas las respuestas / pero todavía cuelgan muchas preguntas de las ramas / y su peso se quema en nuestro interior / sin saber aún quiénes son quienes aún no nos conocemos].

Esa tensión sobre la identidad personal, compartida con un tú que sirve de oyente al proceso de profundidad en la intimidad, sirve como hilo conductor a una reflexión que rompe el simbolismo, desde un expresionismo que juega con la paradoja, con la sutil recreación de los juegos de palabras que quieren llegar a una expresión serena de una escisión personal.

Muchos poemas de este libro corresponden al ejemplo que hemos traducido: la duda que se balancea entre la verdad y la suposición, siempre preguntada a un tú que se convierte en un nosotros, una reflexión tensa entre la vida y los sentimientos, entre el conocimiento y la sensibilidad de la intuición.

Jon Kortazar