Poesía Digital

El centro inútil

Anne Carson, Hombres en sus horas libres, Pre-Textos, Valencia, 2007.

Virginia Woolf se contrapone a Tucídices, en un delirante texto entre la memoria lectora y la filología liviana, en un diálogo de película cómica. Emily Dickinson, rayos x, Edipo, Hara Tamiki… Poemas que comienzan nombrándose desde la palabra ensayo, o que se subtitulan borrador. Textos en prosa y verso, artículos de investigación con notas al pie, entrevistas con preguntas calladas, ejercicios de memoria. La nota biográfica de Anne Carson (Toronto, Canadá, 1950) nos informa sobre su currículum académico, consagrado a la literatura clásica —es especialista en Safo—, y confirma el respeto nulo —y sanísimo— de Carson por las formas y los géneros tal y como las reglas dictan. Su obra literaria, leemos, comprende "cinco volúmenes misceláneos de poemas y ensayos". Men in the off hours es el tercero; no es su debut en España, pues Lumen publicó en 2003 —con traducción de Ana Becciu— La belleza del marido, que yo desconocía y que inscribo en mi lista de lecturas prioritarias.

Desde la portada, desde el título, se nos plantea un concepto clave en el libro: la libertad. Porque el adjetivo que Jordi Doce —de su magnífica traducción hablaré de nuevo— resuelve para off me parece, al mismo tiempo, definitorio de su contenido. ¿Ha escrito Carson un poemario? ¿Es Hombres en sus horas libres una obra que acepte con docilidad su inclusión en una u otra estantería? Cuando Anne Carson abandona el molde del verso biensonante —como en los ejemplos del párrafo anterior, o en sus pequeños guiones o fragmentos dramáticos—, ¿mantiene, sin embargo, el letrero poema? Hojeemos: cajas chinas que contienen poemas dentro de poemas y bloques, a su vez, dentro de bloques —"Hombres de TV", una arriesgada genialidad que, a su vez, contiene perlas como "Hombres de TV: Artaud", una semana entre la fabulación y el ensayo—, poemas construidos con citas y fragmentos de cartas, juegos de carácter gráfico —cursivas, mayúsculas, negritas,  tachaduras, cambios en el tipo de letra o en su disposición en la página—. Leamos: Si ven asomar esta carta de mi bolsillo sabrán / que estoy en la puja. // (…) Como ahora ando a mano con la carta en mi bolsillo / saben que ese día no incurrí en una deuda con Dios ("Hombre plano, segundo borrador"). La poética de Anne Carson es una poética del palimpsesto, de la relectura. Urde su literatura con guiños a la biblioteca; tiende trampas al lector si se equivoca, ofrece recompensas cuando triunfa.

Tengo la sensación de no disponer de lecturas suficientes para explicar a Carson. Es pariente lejana, en cuanto a la cohesión y coherencia del discurso, de John Ashbery —a quien, en la entrevista final, confiesa que intenta comprender—; su utilización de la sintaxis me recuerda, más en el espíritu que en la práctica, a Jorie Graham. Creo que la escritura de Anne Carson se asemeja al habla en lunes, miércoles y sábado de todos nosotros, aliñada con imágenes entre lo absurdo y lo surreal, con una precisión expresiva que percibimos como organizada en estratos: cada palabra significa algo y sugiere más y esconde el triple. Su poética fragmentada, que concibe un poemario —disculpen la manía de etiquetar lo inclasificable— como un trabajo de patchwork, quizá nazca de su labor como estudiosa de los poetas antiguos, quizá de una visión caótica de un mundo caótico. Carson no es realista, pero habla sobre la realidad desde su punto de vista. Me gusta cuando Anne Carson pierde la batalla, se ve superada por las imágenes y prescinde de los signos de puntuación —ocurre en "Hombres de TV: Safo"—, porque la siento más pura, más cercana al núcleo de lo que quiere decirme. Y me gusta —me encanta— la traducción de Jordi Doce, porque Anne Carson en castellano suena a como Anne Carson suena en inglés, porque se percibe hecha desde el respeto y el rigor que son marca de la casa; no se pierdan, por favor, su traducción —en DVD— de los Himnos de Mercia de Geoffrey Hill. Cómo se resuelven los quiebros del discurso, las elipsis…

La vida es el motor de estos Hombres en sus horas libres. En las versiones de Hopper, de Catulo y compañía, en "Ensayo sobre aquello en lo que más pienso", los protagonistas son seres que —en el papel o en la realidad— emplean en vivir sus tiempos muertos. Puede que esté equivocada, y que la libérrima Carson haya pretendido todo lo contrario: hablarnos sobre lo que ya está enterrado, resumir sus obsesiones, reunir sus favoritos en un álbum de imágenes, pasárselo bien. Actúa para que el centro no sirva de nada: es el fragmento de sabiduría de Gertrude Stein que la autora cita en la entrevista final. Y Anne Carson lo interpreta desde la fidelidad: un libro periférico, al margen de lo establecido, escrito a impulsos y desde el placer. Una locura, de principio a fin, deliciosa; una escritora, desde ya, imprescindible para los lectores españoles.

Elena Medel